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lunes, 16 de enero de 2017

Roja Invasiva y Azul territorial

"La persecución, incluso de las mejores cosas, debe ser calmada y tranquila."
Cicerón.

La puerta abierta. La voz más alta. El ruido más fuerte. La aparente dificultad por ver a los demás.

Así era Roja, acostumbrada siempre a hacerse escuchar. Toda la atención que exigió al nacer, hicieron sus pulmones fuertes de tanto llorar y le proporcionaron cierta habilidad para optar por violencia para imponer su voluntad.

Subrepticia. Evasión continua. Perfil muy bajo. Repliegue con nombre de mujer.

Así era Azul. Exceso de atención y mano dura fue el regalo de sus padres para volverla insegura y procurar los refugios ocultos en cada ocasión.

Roja avanzaba siempre clara, destacando en el entorno, como vector ágil, marcando el paso, rápido, pero frágil. Alcanzar más distancia requiere poco peso en los pies.

Azul no atravesaba un lugar sin evitar instalarse, no pasaba por un sitio, se fundía con él. Iba lento. Las cosas que valen la pena, suelen tomarse su tiempo y le costaba tanto decir adiós.

-Sumisa... -le dijo Roja un día -tienes que encontrarte. ¡Arrójate! ¡Revélate! ¡Abre la vela al viento! ¡Extiénde tus alas al sol! ¡Siente la vida misma, mi vida! ¡Disfrutala al máximo! ¡Acciona con pasión!

Azul se quedó callada, clavó el precioso turqueza dominante de su iris en sus ojos. Luego, contestó:

-Hablar más alto, hablar bastante, y querer siempre tener la razón, parece una tendencia continua en el mundo en que vivimos hoy, pero para mí es así: los momentos memorables y los más intensos, esos que al vivirlos te quitan el aliento, casi siempre se pasan en silencio, como cuando entiendes una obra de arte como si tu mente se sincronizara por un instante con lo que alguna vez sintió el autor o cuando un padre mira extasiado de su bebé que duerme, la respiración; o el efímero lapso cuando antes del llanto exacerbado, viene una calma previa de vacío inmaculado, cuando te enteras que un ser profundamente amado, falleció.

Atenta y asombrada, Roja la miró sin decir ni una palabra pues recordaba alguna vez haber disfrutado el tranquilo índigo de la madrugada y del mar profundo sólo una parte del azul eléctrico en su esplendor. Callada, se afianzó a su brazo y con gran calma, ahora más Púrpura que Roja pensó: -Después de todo, el Sol radiante a veces llega a ser un poco abrumador.

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