Twitter

Búsqueda

viernes, 10 de abril de 2015

Los cuentos de la cocina de Inna: I. Los amantes

Son luces de faros, están expuestos. Brillan. Quien los ve, lo mira, entiende su dinámica desde el centro, disimula hipócritamente. Pretenden que nada se sabe, nada nunca se va a contar.

Sus patrones manifiestos, abiertos, vulnerables, y nada complejos. La pócima de la felicidad suele componerse de sustancias químicas comunes. Serotonina, feniletilamina, dopamina, norepinefrina, oxitocina y más. Doscientas cincuenta sustancias son liberadas al estar ante una persona que resulta agradable o atractiva. Al punto, anestesiados, absortos y enajenados, no notan lo evidentes que se ven los enamorados, no ocultan las miradas “fugaces” que los convierten en amantes, imaginarios o reales, ¿qué más da? ¡Amantes y ya está!

Lo ridículo de los amantes, que no son una pareja en específico –y aunque todos sueñan que así sea, tampoco son tan especiales–, es que se sientan a mis mesas para sonreírse a medias, coqueteando y seis meses, un año o una vida después, se encuentran nuevamente ocupando otra mesa con otra pareja diferente pero la cara de ilusión y mentiras, esa es la misma siempre siempre.

Es que los amantes son así, siempre se mienten, cuanto más enamorados se sientan, tanto más cercanos del final se encuentran. Todo el que tiene, pierde.

Los observadores de los amantes –que no somos pocos– al mirarlos nos recordamos en nuestros buenos tiempos y con un poco de sorna en el hecho, deseamos volver a sentir igual. Lo cierto es que no se siente tanto de nuevo con las mismas personas, en la vida aprobada por el gremio de jueces circundantes, es preciso ser más oxitocina y apego o dejar a la vida fluir y a nuestras parejas rotar.

Amantes. Títeres sangrantes, sonrientes, ridículos cómicos andantes. Trémulos sin sentidos, indefensos. Tan cercanos y distantes cuando entre amantes se encuentran en triángulos o tetraedros de dolorosa confusión insondable. Amantes.

II. La escritora

No hay comentarios: