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domingo, 1 de junio de 2014

Por clasificarlos

Oscura y Tornasol


A veces olvido que somos las mentiras de las mentiras.
Los genios que dictaron las leyes fueron engañados, pero convencidos de sus descubrimientos, y métodos, vendieron sus fórmulas secretas a precios elevados. Nosotros, los ingenuos, los que medimos nuestros esfuerzos y con ellos nos comparamos, no acabamos de cercenar nuestra razón a destajo. Entre verdades se escuchas mentiras y las mentiras convertidas en verdades se escurren en fingidas sonrisas y bromas mordaces. Para decir verdades se escriben ciertos versos y para las mentiras, se estrechan amistades. Como cualquier castigo de látigo incisivo, la lengua de este cuento, en (entre) líneas, hablará (recordará):

Personajes sombríos y reptantes, de pieles tornasoles, miradas increpantes, tras falsas sonrisas trastornadas que esconden sus cuchillos bajo el jubón radiante de algún color chillón. No creas en sus sonidos, no escuches lo que hablen, seducen si se pueden, transforman tus mensajes y cargan en tus hombros su propia frustración.
Otros heridos, maltrechos, corroídos, deambulan como zombies, con rabia por lo carecido, con odio a quienes aman, con odio a ellos mismos, desgarran promesas de paciencia y bienestar, pero sonríen con ojos de necesidades repletos que invitan, itinerantes asesinos, a intentarlos curar.

Superfluos manantiales de bajezas humanas que sobreviven con dificultad. Me duelen, me doblan, me apaciguan con calma para después con fuerza volverme a estrellar. Los quiero, en el fondo, me yerguen y me vuelven a minimizar, al término del tiempo, cuando cierro los ojos cada noche los pienso, los extraño y los necesito.
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