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lunes, 22 de diciembre de 2014

Componentes de ensueño contra la realidad

(Altamente recomendado poner play al video durante la lectura)

Decía que 'Moreno' porque ahuyentaba los malos momentos con su infalible carcajada evasiva. Y solía llevar en poco tiempo la evasión de muchas situaciones difíciles, pero le advertía constantemente el tomar distancia y aceptar abnegada, las dificultades que se le presentarán porque eran éstas y no el 'algún-encanto', las que mantenían totalmente radiante al objeto de su pasión. Bastaba verles con los ojos empapados cada vez que se sentían débiles, las demás personas parecían mucho más grandes, mucho más fuertes y mucho más inteligentes, suficientemente compasivas y emocionales para dejarle engañarse a la mente. Al final, el hombre más sano y más casto es el hombre que tengo a mi lado, ¿no es verdad?

Y todas la mentiras que antes como a mariposas perseguía, eran llamadas del otro lado, de un oscuro foso de sombras inhumanas que se comparaban en todo caso, con jueguetes para las manos de un niño, pero esto era, sin evadir por un segundo, los juegos macabros de ese oscuro foso, en las manos de ese mismo niño, ahora convertido en adulto. Y ella, ya no tenía puestas las gafas de la evasión, como todos los demás.

Siendo sinceros, ella tenía las mismas mariposas nocturas grabadas con tinta y agujas en los muslos y en la cadera, por eso, aunque estuviera repleta de cosas muertas, en el exterior resplandecía por las cosas mágicas en los recuerdos de la carne fresca, que brillan en la humedad de los ojos envejecidos: el recuerdo del tacto del primer amor, la memoria perdida al olor del primer perfume que tocó el corazón, y la mirada de pupilas totalmente abiertas (como si la pupila mostrara lo que hay realmente en el interior de la persona) e innocentes.

Por eso podía un ser tan perfecto sentir la oscuridad del pasado, de lo bizarro, lo podrido y apestado.

Lo único que les queda es querer, dar, ofrecer migajas a lo nuevo para poderles quitar más y más.

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viernes, 19 de diciembre de 2014

La vida llama...

(Altamente recomendado escuchar el video durante la lectura)

Las letras que no podían ser escritas. Los puntos que sostenían la serie de secretos y mentiras entre líneas casi por caer y desbarrancarse en el abismo blanquecino de una hoja desierta.

Las cosas que callo, las lágrimas que flotan en suspiros, la esperanza, la fe que abrigo, las cosas que oculto, los murmullos que no te escucho, que adivino, la distancia infranqueable, la tristeza, la soledad, las cosas que nunca nos prometimos.

Juramos que jugaríamos juntos, nada más... y así se conquistan mundos y así se pasa la vida de los mendigos, robando momentos al tiempo. Riendo. Llorando. Sufriendo. Soñándonos desde lejos.

Pero la vida llama y promete despertar nuevos sueños con brío. Yo me quedo lejos, en tu equipo, aunque esté lejos y tenga frío. Tú sigue el flujo de la vida que llama, porque aún nos debemos más respeto y cariño que celos sin fundamentos. Y aún te quiero sereno, aún te quiero sonriente, aunque te vayas más lejos, aunque me cueste dejarte, en mi mente sigues del lado mío.

Ve. La vida llama.

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jueves, 9 de octubre de 2014

Diversos

Que si al paso del tiempo el agua calmaría sus ondas, pero la piedra seguiría en el fondo del lago era verdad.

Hablando de verdades dichas a la cara como si eso convirtiera el estado de un sujeto en una postura definida e inamovible, como si nuevamente hubiera sólo un par de frentes y lucharan, rojo contra azul, y nada más. Describiendo como si contuviera la panacea en un cántaro exclusivo, como si no hubiera con todo y el conocimiento que la profesión le daba, caído alguna vez. Como si no hubiera llorado, como si no hubiera fallado, como si no hubiera sentido cansancio o soledad.

La única cosa que no ha perdido su sentido de las pocas que he aprendido es que no hay nada certero, que decir alegre es haber superado lo triste, que si te han amado también te has hecho odiar, que somos péndulos, sí, que somos diversos y cada ser humano tiene cierto grado de perversidad, que somos luces y sombras y nuestra forma de defendernos a veces es lastimar. Tenía ganas de odiarte porque te tenía miedo, pero se me va pasando el efecto y las personas que me aman no son esas que tú sueles imaginar, las personas que me aman podrían bien ser muy pocas o muchas, todo depende del momento y el lugar, quizás incluso de las llagas que te orillan a la perspectiva desde la que deseas mirar.

Para mí no es novedad sentir tristeza, pero no me visto de tornasol para engañar a las estrellas, ni por mi experiencia auguro que a ti es a quien le irá muy mal. Deseé desear tu felicidad. Deseé poder perdonar.

No es porque luzca mis colores compasivos, es porque no tengo ganas de pelear. No evado para evitar confrontarte, evado porque duele recordar.
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miércoles, 1 de octubre de 2014

Ausente

"Silent lady, do not speak, this soundless words are in your eyes, love is dead like a weak
and white lost whisper in these days, far away are now your tears
and all your awaited fears, sleep away with no regrets, love is forever gone"
 Silent Lady - Ashram

Cuando a Lucía le preguntó su más reciente maestro por qué dormía la vida en lugar de vivirla, ella volteó a mirarlo a los ojos, seria, sencilla, sin menoscabos y vacía.

Él la miró sólo un momento, verla tan estática y frágil lo hizo evadir la luz de sus pupilas difractada.

Hay veces que las personas dicen con la mirada todo lo que no alcanzan a pronunciar en palabras pero, Lucía no era agraciada con ese don, al contrario, ella hablaba, ella hacía, ella explicaba todo lo que podía decir y luego serena, lejana, enmudecía solitaria.

-Existen maneras de ser menos negativa –le dijo el maestro en tono sarcástico procurando generar una sonrisa con aquella pizca de ironía.

Ella se quedó callada, nuevamente retraída, nuevamente sin un una mueca que asomara a intentar una conversación.

Callar, ocultar, evadir la mirada, como todos los excesos, como doblarse a carcajadas, como decir que se quiere con locura, como la efusividad con que te recibe una persona esperanzada, invade la mente insana, aturde, satura los sentidos y genera costras en el alma para sobrevivir a un desconcertante momento pasajero, como los muchos que nos mienten con extrema felicidad o los que con desconsuelo nos engañan.

Lo oscuro adormece los sentidos, la mente ausente mengua en el corazón las llagas.

Herido por la pasividad de lo oscuro, Roberto, el maestro, no lo volvió a preguntar.

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Ser o no ser, es ser de todas maneras

Ser o no ser, decían, ese es el dilema. Esa forma inteligente de ser mientras no se es de ello consciente, eso es para mí, ser realmente; en cada recoveco, sentirte agusto en tu propia piel. Repirar profundo y hundirte en la suavidad de tu propio mundo.

Ser o no ser no son dos opciones. Quien es mientras no es, es realmente todo lo que soñó ser. Ser el hálito de un desesperado en el momento de mayor angustia, eso te hace haber sido todo sin ser realmente nada de él.

Ese plus, esa migaja que te levanta cada mañana cuando sientes que ya no puedes contra otro amanecer. Eso es ser realmente, existir, respirar, vivir, sin que uno profundice en todo lo que ya es y lo que no es.
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domingo, 1 de junio de 2014

Por clasificarlos

Oscura y Tornasol


A veces olvido que somos las mentiras de las mentiras.
Los genios que dictaron las leyes fueron engañados, pero convencidos de sus descubrimientos, y métodos, vendieron sus fórmulas secretas a precios elevados. Nosotros, los ingenuos, los que medimos nuestros esfuerzos y con ellos nos comparamos, no acabamos de cercenar nuestra razón a destajo. Entre verdades se escuchas mentiras y las mentiras convertidas en verdades se escurren en fingidas sonrisas y bromas mordaces. Para decir verdades se escriben ciertos versos y para las mentiras, se estrechan amistades. Como cualquier castigo de látigo incisivo, la lengua de este cuento, en (entre) líneas, hablará (recordará):

Personajes sombríos y reptantes, de pieles tornasoles, miradas increpantes, tras falsas sonrisas trastornadas que esconden sus cuchillos bajo el jubón radiante de algún color chillón. No creas en sus sonidos, no escuches lo que hablen, seducen si se pueden, transforman tus mensajes y cargan en tus hombros su propia frustración.
Otros heridos, maltrechos, corroídos, deambulan como zombies, con rabia por lo carecido, con odio a quienes aman, con odio a ellos mismos, desgarran promesas de paciencia y bienestar, pero sonríen con ojos de necesidades repletos que invitan, itinerantes asesinos, a intentarlos curar.

Superfluos manantiales de bajezas humanas que sobreviven con dificultad. Me duelen, me doblan, me apaciguan con calma para después con fuerza volverme a estrellar. Los quiero, en el fondo, me yerguen y me vuelven a minimizar, al término del tiempo, cuando cierro los ojos cada noche los pienso, los extraño y los necesito.
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sábado, 25 de enero de 2014

Carnes frescas

Mi habitación figuró como una amplia carnicería.

-¡Carneeees! ¡Carnes variadaaaas!

¡Pasa! Toma una, prepárala a tu gusto, ponle un poco de sal y un poco de limón. Favor de comerse cruda, sabe mejor, un par de pulmones en su máxima expansión constituyen un manjar al paladar, para aquellos que se animen a comer un pedazo de mi ser.

¿Cuchillos? ¿Navajas? ¡No hacen falta! Ni hace falta preguntar, hundiendo tus dedos dentro de las llagas, es muy fácil abrirse paso hasta la médula del órgano favorito a degustar.

Los ojos. ¡Ah, los ojos! Marrones tocando la oscuridad, parpadeando, pidiendo clemencia, con una lágrima por desbordar, orgullosos en la medida en que pueden serlo pero, sobre todo, con profundo dolor, vacíos, con un resto del último amor asesinado.

-¿Qué me hiciste? ¿Por qué me has herido?

¡Ah y esa melodía de sentimientos encontrados! Un simple "te pertenezco" corrompido, desfragmentado, rancio, putrefacto, un "¿cómo pudiste?", una voz rota, una nota como punta acerada incidiendo en la garganta de la que la anfitriona puede hacer gala: un sabroso galardón.

-Si tomas un trocito de este pequeño bulto convulsionante -dijo aquella al huesped que se albergaría en sus aposentos -bien puedes probar la sangre que se desborda fresca, saciando tu sed, tu necesidad de corresponder a algo, de concernirme a mí también al ayudarme a deshacerme de este estúpido cascarón con entrañas licuadas por su propia emoción, pero no lo suficiente para evitar desgarrar y deglutir los tejidos por los que seguramente al extraerlos, suplicará.

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domingo, 19 de enero de 2014

Cuentito Platónico -Idealizado- para un Verdadero Amor

Hay musas –deidades menores– que se saben el objeto de admiración y estudio del artista, conocen sus movimientos, saben cómo mostrarse más bellas cada vez, y viven de ello, fingen no darse cuenta, fingen no quererlo, juegan caprichosamente tomando y soltando a la vez sólo para divertirse con la víctima de su ilusión, eso las hace un platónico amor.

Hay personas comunes que trabajan cada día sólo para procurar darle algo bueno a su familia, no saben de estética, no saben de compases o litografías, no saben de enlaces puros entre una obra de arte y la poesía, pero cuando uno retira ligeramente la vista de la musa que eligió, puede verles trabajando arduamente, contando historias de antiguas vidas, de sonrisas rozagantes llenas de reflejos de sol, sencillas, totalmente blancas y limpias, de manos pesadas, de trabajo duro, de espaldas curtidas, de días laborales que inician cuando aún es noche y acaban cuando se ha metido ya el astro fulgor.

Entonces quizás te des cuenta que en la vida real no puedes vivir de sueños y que quien sea que fuere quien te sujete, necesitará no ser azul y galante sino ser de amplio criterio y convicciones fuertes, que tenga la capacidad de destrozar los sueños de alguien y utilice esa habilidad y fuerza solamente para dejar las conciencias de quienes ama descansar cada noche tranquilamente.

Este es el cuento platónico -o descripción- para esas personas a quienes no les escribirías un par de estrofas rimadas porque probablemente no tendrían el tiempo de leerlas, querer entenderlas o fingir que al hacerlo, embelesados están, pero que jamás permitirían que su egoísmo rompiera tu ilusión de probar que podrían leerlas, entenderlas y amarlas profundamente –como mentiras felices de mutua complicidad–.
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martes, 14 de enero de 2014

Debí ser música

-¡Claudia! –me dijo –debí ser música…

Y se quedó mirándome un largo momento en que ambos sabíamos lo que la música compartía y lo que él quería ser. Después es el silencio, que a veces es poesía y que a veces es música también.

Y en silencio compartimos entonces la conciencia de lo cierto, en un beso sin carne ni sabor ni aliento, en un beso de miradas profundas, de rasgados azules y verdes intensos, la música que me interpreta la dulzura del momento. Se abrió paso la guitarra, la balalaica y piano prestos, atención a los violines, se hizo eterno el pensamiento y andando fuimos a atravesar mares bastos y suaves desiertos. Con su música en la luna, y la luna rodeada del índigo verso.
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domingo, 5 de enero de 2014

Ríes porque soy diferente, yo río porque tú no

"You laught because I'm different, I laught because you're not."
-Alguna aspiración en la vida?
-Mmm, pues no, no, ninguna.
-Algún interés?
-Salir con amigos y bailar.
-Cómo te ves en 10 años?
-Casad@, con 2 hijos, un coche y una casa.
-Tu peor defecto?
-Mmm pues yo creo que ser perfeccionista.
-Ajaaa... mmm, ok, yyyy ¿en qué te destacas?
-Soy muy original, soy creativo pero sobre todo, muy honesto.
-Sin duda...
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miércoles, 1 de enero de 2014

El inocente juego de los niños asesinos. Parte III: ¡Buh!

Tienes miedo. Si, te haces pequeñito en la silla al final del pasillo que da directo a su habitación, porque hay una sonrisa perspicaz con esa miradita pícara que la acompaña. Él se hace grandote, mira perfectamente en tu dirección y sabe que temes, tú sabes que él sabe que tienes miedo… sonríen los dos. Entorna los ojos.

-¡Hola! –le oyes decir desde lejos –sonríe con los ojitos brillantes que lo caracterizan. Profundo. 
-¡Buh! –sonríe otra vez.

Esas cosas desconocidas que reconoces siempre detrás de las puertas totalmente abiertas, que guardan secretos a plena vista, que se sienten detrás del aire invisible que las contiene. Probablemente porque imaginas a alguien susurrándole el “¡buh!” preciso de tu miedo paralizante.

En efecto, no está sólo, aunque tú no lo puedas ver.

-¡Buh y buh! –te dice una vez más.

Diminuto y frágil, inocente y honesto, a media noche, de pie en su cuna. Solitario entre las imágenes apenas perceptibles por la lejanía y la media luz… las sombras de su dormitorio.

Contestas con otro “¡Buh!”. Se esconde tras el panel de la pared derecha. Asoma sus ojos de estrellas nuevamente.

-¡Buh! –te dice. Respondes ahora con una exclamación, “¡Aaah!”. Finges tener miedo. No. Finges no tener miedo y continuar con el “jugueteo” de gritar de horror.

Se inclina ligeramente hacia atrás y de inmediato vuelve hasta el frente con su “¡Buh!” un poco más característico, con los tonos que te causan ese temor que viene desde el tuétano. Ya no sonríes, tienes miedo en la “seguridad” de la “distancia” y no puedes esconderlo más. Ha sido evidente para ti demostrarlo, son cómplices de tu poca habilidad para ocultarlo. Sonríe más, entorna los ojos, su mueca no es de felicidad es de satisfacción por dominar.

Te levantas de tu sitio, caminas hacia la habitación. Si hay que arrullarlo, lo vas a arrullar. Si hay que consolarlo, lo vas a consolar pero, si hay que enfrentarlo, también estás dispuesto a enfrentar.
Cambias de posición. Él continúa mirando a tu sitio anterior. Apresuras el paso y a medio camino, él vuelve a cantarle un “¡Buh!” a tu silla vacía. Ahora lo entiendes. A media noche, mientras esperas lleno de incertidumbre a que sus padres vuelvan, no sólo tú te dedicaste a entretener al pequeño de papá y mamá.
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