Twitter

Búsqueda

miércoles, 25 de diciembre de 2013

Historia sin adjetivos

Me puse como meta contar al menos una historia sin adjetivos. Ya que estos y sus mejores amigos los adverbios me han llevado de la mano por los relatos de los autores que acostumbro leer con emoción, y que salpican cada cuento con detalles y realismo, me acostumbre a utilizarlos a veces excesivamente, hasta que me topé con una cita de un autor -del cual ahora no me acuerdo del nombre, pero sé que es cierto- en donde decía que los adjetivos y los adverbios eran como las especies en la comida, usarlos le daba un sabor con toque especial, pero utilizarlos excesivamente podía echar a perder el platillo.
Esa idea me estuvo rondando por mucho tiempo en la cabeza, iba y venía, a veces muy complacientemente decidía olvidarla mientras estaba escribiendo, pero luego volvía recriminándome mi falta de profesionalidad, aunque esta realmente no es mi profesión; me lo imaginaba todo de acuerdo al ejemplo del chef...

Yo, vestida de blanco con dos hileras de botones negros en la parte delantera de la camisola y un largo sombrero alrededor de mi frente, untando un poco de mantequilla en un recipiente y de repente volviéndome loca con la barra al frotarla por completo en el refractario, ¡pero qué desorden! no, no, no, no, no.

Vuelto a empezar, el teclado de la computadora frente a mi y atenta de manera minusciosa, ¡No! he dicho minusciosa, mientras uno de los comensales grita despavorido que le he puesto demasiada canela al arroz con leche y le ha picado en la garganta. Respiré profundo, borré lo cometido y volví a escribir desde el principio.

Intento fallido de una historia sin adjetivo

Simplemente no puedo deshacerme de ellos. Mi mamá siempre me ha dicho que como la carne enchilada con demasiado condimento.

2 comentarios:

Kuro Tsuki dijo...

Tal vez sea cierto que los adjetivos sean como las especias, y si así lo fuera (sin negar ni afirmar), cada uno tendría un gusto diferente a ellas y cada autor un toque especial, por lo que darle gusto a todos sería simplemente imposible, asi que propongo que dejes de torturarte:). Como sea, me parece recordar una estrofa que decía:
Con dureza hablo a mi niño,
Y si estornuda le pego;
Y despues le doy pimienta
Que él recibe con cariño

Y si eso no te suena, entonces lo cambiaremos por:
!Maaaaaas pimientaaaaaaaa!

Jeje, saludos

Muñeca Rota dijo...

Gracias por tu comentario, je je.
Lo dicho, no puedo vivir sin ellos, al final fue un intento de mostrar que justamente, un cuento sin adjetivos y adverbios no se disfruta tanto como uno con ellos, sería como ser monje o estar en manda, je je.