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lunes, 26 de marzo de 2012

Llovemos


"Ojalá hubiera estado ahí (cuando fuiste niña) para decirte
que lo que eras y lo que lo que hiciste nunca estuvo mal"

Llovemos cuando desangramos. Llovemos por doler.

Llovemos de pecho abierto y llagas vibrantes. Llovemos cuando nos vemos al espejo y llovemos para no desfallecer.

Llovemos al tener la piel de cuero grueso y llovemos porque nuestros huesos son estructura de acero. Llovemos por ser pilar.

Lluevo porque te miro a los ojos, lluevo por mirarte llorar.

Llovemos juntas porque te quiero como hermana y llovemos juntas porque de mi cariño de amiga te quieres cobijar.

Lluevo y escucho llover la Luna, y escucho las notas profundas que con el eco rebotan en tu interior, percibo las vibraciones a ojos ocultas de lo radiante que es tu corazón.

Si tuviera que hablarte, si tuviera que acuñarte de sorbo un nombre, una más de mis muñecas rotas, te beberíamos todos “Rosa Bastión”.

Laura, si al hablarte aún te pienso y al saber con tu nombre tu historia y tu tesón, rodando bajan un par de lágrimas, mientras te pienso, en parangón como una mujer fuerte, completa y sabia que al clicar no solo escucho sus entrañas sino su espíritu, alma y razón. Te aprendí a aprenderte porque te vi llover tanto cuando callabas.

Cuando me mirabas y me medías y me abrazabas –y cuidabas de mis sensibilidades–, y conmigo decidías enfrentar más de un centurión.

Te quiero por ser amiga, por ser un ave, por ser llamarada que iluminas las tristezas y las falacias, por comportarte siempre como una dama, por lo que hiciste, por lo que haces, por lo que harás. Porque no eres ni sombra ni mancha, sino una bella aurora para quienes amas y para todo aquel que aprender a lloverte pronto llegará.

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miércoles, 14 de marzo de 2012

Reivindicación

Porque si hay que hablar de "ELLA", yo tengo mucho que contar.
Esa mujer es bella, mas que la unión del cielo en sus ojos y, de sus labios, el carmesí. Es de pasiones taciturnas, frías. Habla al viento cuando canta sus lamentos, rie sola y cuenta cuentos de terror.
Sujeta mi mano cuando temo a algo y me deja abrazar su cintura cuando me voy a dormir.
Disfruta leyendo y sabe que la quiero, aunque creo que a veces desconfía de mí.
Entra en mis sueños: juega dentro; echa sus raices. Me extraña, me vierte en un recipiente, me bebe, se convierte en mi adoración. Hace que la quiera porque me vive, la vivo, nos vivimos las dos.
Si hay que hablar de ella, tendría tantísimas cosas que contar, tanas..., que preferiría escucharte a vos.
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Tal vez un día

"No hay nostalgia peor que añorar lo que nunca jamás sucedió"
Joaquín Sabina
Tal vez un día cercano te lleguen las nuevas: que me he casado.

Tal vez sonrías un poco y mires al viento y envíes tus buenos deseos -y juntes tus manos y pienses profundo y te lleve el aire en sus brazos y sonrias otro poco por lo que recuerdas de mí; y me llames "loca" otra vez-.

Probablemente estaremos estáticas, al mismo tiempo, un par de segundos mirando al cielo, quizas incluso en la misma dirección; y has de acordarte de la canción que te dediqué, y yo he de tararearla bajito, para que no escuche mi mujer.

Pero, veamos, no somos infinitos, nuestras llanuras vastas y verdes rodean solo nuestro pedacito, entonces, que nos congregue un pensamiento que en la oscura soledad de un momento te dedico y en que tu pacifica sonrisa me regales, tan solo ese trocito en tu reminiscencia de esa tarde de junio que revivimos al recordar.

Si te has de topar con el viejo cariño, quizas duela un poco o tal vez saludes con bríos, pero es el detalle del corazón de la partícula que no fue amor y que en tu sendero cruzó, el hecho de conocerla, valorarla y recordarla en su propio esplendor -esperando que sea muy poquito para que a tu memoria no cause hastío-, el orgullo enviarlo al olvido y al sonreir, continuar tu camino, sabiendo que en este mundo chiquito, alguien te recuerda y al escribir piensa en tí.

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miércoles, 7 de marzo de 2012

Frenesí

Tirita titiritero… la canción que escribí para ti, es la más sincera que he hecho.

Doliente e impasible, el olor a violencia, como la sangre quemada, embarga nuestras amarras. Te empujo, me empujas y caemos crispadas. Nos duele profundo y juntas, dolemos también.

Porque los trozos de tu cuerpo maltrecho, aprendí a masticarlos lento, a romper tus muecas en granates, a mentirte lo mucho que te quiero.

La sangre que llevamos, tirita titiritero, enmarca nuestros ojos, resbala por los dedos y cruza nuestro pecho con cruces viscerales de amor y desconsuelo.

Yo te sujeto y tú me golpeas, bailamos con el ritmo que marca el frenesí, rodamos, nos desbarrancamos, cambiamos de posturas para tirar mejor.

No paramos; aquí, nunca hay freno, hasta que la carencia de fuerza nos agobia, heridas, empapadas, cansadas y saciadas, solo por hoy, el circo terminó.

Tú te incorporas, con lágrimas te levantas. Yo me arrincono, entre mis brazos me sostengo. Me abrazo y más que hacerlo por mimos, lo hago por rencor. ¿Qué nos debíamos, muñeca desalmada? ¿qué hicimos mal para llegar aquí?

No tengo intención de renovar tus esperanza desahuciada por encontrar en mí una pareja mejor. Somos salvajes creaturas de llagas abiertas que abusan al lastimarse como medio de comunicación.

Al ironizarte juego y con ello me regodeo, al reconocerte repleta de mis angustiosos desvelos, no me queda más que burlarme de ti como bálsamo sedativo.

¡Cómo duele esa tirita! ¡Cómo urde siniestro el titiritero! Solíamos entregarnos tanto que hoy a la orilla del llanto, reclamaos el tiempo que jamás a solas pasamos, nuestros momentos de dejarnos vivir.

Tirita, titiritero, la canción más enferma que te he hecho, la escribí a punta de frenesí.

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