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lunes, 24 de octubre de 2011

Rutina

(El sol está viejo)
El sol ha envejecido, nos consume vivios, como el egoista Saturno una vez, ha decidido devorarnos, nos calcina y, en ello, se regocija.

El sol nos vive, no lo vivimos más, nos tuesta y nos quiebra. Nosotros crujimos, desaparecemos. Morimos.

Su hermana y amante, nos alivia como enfermiza e incestuosa madre, lame nuestras llagas vibrantes, nos calma un poco, sopla nuestras heridas y llora, ¡ah, si llora!, barre las calles con su melancólica agonía; sufre de ganas de enfrentar al sol y pedirle que nos deje vivir en paz.

La luna siempre ha sido envidios y fría, se muere de celos, intenta darnos luz, una insignificante, y respira en nosotros para intentarnos calentar, se frustra en sus intentos y se marcha nuevamente; pero al llegar el sol, radiante e intransigente, nos expande de calor, nos muestra tanta pasión, apenas nos bendice un poco con sus desaires.

Así que cada noche nos persigue la insipiente dama redonda y plata, nos acosa mientras nosotros le huimos, nos cobijamos en los escondrijos, dormimos, pero al descansar, en un punto medio, nos mira soñar. Sopla las velas.

Los días así, se siguen equivocando, nos rondan coraces para consumir los pocos minutos le robamos al tiempo. Somos unos mediocres y desanimados moribundos hambrientos, lo poco que tenemos, lo poco que alcanzamos a obtener, viene cualquier conquistador a reclamar con tezón.

El sol nos vive y nos muere, transcurre al caminar por la cúpula celestial; despacio: nos muere.
Nosotros, ¿nosotros?... Solo a vces nos detenemos para mirarlo pasar.
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sábado, 15 de octubre de 2011

Ironías de Ajedrez I

En la vida real y equivalencias, los peones avanzan mucho más ágil y rápidamente que cualquier alfil lambiscón.
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jueves, 13 de octubre de 2011

Objetivos de Ajedrez en Re menor

Esta vez quiero amar despacio y hacer las cosas sin pasión, sentir cada emoción con delicadeza y elegancia, con el interés de descubrir lentamente el velo de los sentimientos.

Avanzar únicamente un paso a la vez y descubri el placer de jugar, de encontrar en cada tonalidad un sencillo gusto de paz.

Por dejar de intentar comerme a la reina que, siendo honestas, nunca estuvo a disposición.

Cerrar los ojos y mirar lo que no se ve con ellos, lo que está más allá de la cuadrícula bicolor, dejar de perseguir, porque -al fin- yo siempre fui quien dio el primer paso en cada contienda.

Contar las notas entonadas, cantar las líneas alcanzadas. Vivir.

Vivir con el sentido de los sublime, cerrar los ojos. Avanzar con el menguado objetivo peonal, cerrar los ojos.

Sentirme bien y amar acompasado, con un ritmo bien estudiado, dejar de ser por una vez de ser la vena transgredida, la conciencia mutilada y las biceras por desbordar.

Hallar un tono en Re menor y establecer mi hogar en Fa mayor. Halar de mi espíritu sin tanto ahínco y respirar, dar un paso a la vez.

Sentirme bien, cerrar los ojos de peon.

Sentirme bien.

Vivir.
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