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lunes, 19 de septiembre de 2011

Te siguieron la Luna y la dama oscura

Y se quedó callada al alba, cuando no tuvimos más que decirnos. La noche calma, después de gritarme absoluta las pabras que habrían de sonar como la canción de desolación.

Ella, siempre presente, impregnándome su alma de dama oscura aperlada, con su único ojo agazapado en lo alto, más lejos y más alto que la más grande montaña.

Ella se quedó callada, después de meses siguiento mi caminar errado, de las zanjas abierta en el piso de mi cuarto, enmudeció porque me preguntó de nuevo por tí, y yo, mujer de grandes aspiraciones y poco éxito, no le supe responder.

Ella te nombró agonizante, me dijo que era la última vez que la vería repleta -aún angustiosa- sobremanera generosa, preocupada por nuestro existir continuo-compañero porque era una de esas lunas blancas resplandecientes, salpicada de una orilla amarilla y la noche de fresco verdor.

Me dijo que moría, se despidió de mí y se quedó callada al alba, cuando no tuvimos más nada qué decir.

Hoy la he vuelto a ver, silente, no dirije su mirada a mí, seguramente tienes ya tú a alguien en mente y esta noche como tantas otras, pensando en ella al mirar la luna, la dama oscura aperlada, sonrie a tus sueños y porvenir.

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