Twitter

Búsqueda

lunes, 9 de mayo de 2011

Luz a media noche

Todos en la habitación dormían, todos descansaban mientras yo pedía con angustiosa tristeza: que esta noche no acabe, señor, que esa vela no se apague, que me bañe eternamente de cobre, que sus sueños permanezcan serenos, que sus párpados no vuelvan a abrir.

Los recovecos contenían las sombras, la luz trémula eclipsaba mis lamentos, en una hora desierta, las penas se ven más lejos. Pero yo no tenía miedo, nunca temí a los silencios perpetuos, quería el sonido de una vela, la respiración de los objetos y mis dedos entonando una canción en el viento.

Quería quedarme ahí así, donde nadie me mira, donde a nadie le importa huir, donde sé que existimos todos juntos sin tenernos que tratar y fingir que nos queremos. Sola, la voz sola, el eco del silencio, la vela y el color bronce-calor, que inundaba la habitación.

La luz volvió, la aurora volvió, los bostezos se oyeron no muy lejos, la vida amaneció, de nuevo el mundo en donde no destello yo, y entonces morí otra vez, bajo el sol.

Que tristes se oyen las almas desde aquí, en donde habitan superficiales y lejanas; no aprecian la voz que clama, que los mueve despacio a la lúgubre calma de la media noche en velada... eternos secretos susurrados a la nada, complices del cielo antes del alba.

No hay comentarios: