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martes, 24 de mayo de 2011

En mis mejores pesadillas

Anoche tuve tantas horas la luz de mi habitación encendida, que se desdoblaba en visibles convulsiones frente a mis ojos cansados, y veía, entre un az de luz y otro, un sin número de personajes sombríos frente a mi cama observándome...


Me percaté de que estaba teniendo un sueño lúcido y dilapidé con euforia mis enérgicas ilusiones de contactar con otras dimensiones.


Después descubrí mensajes ocultos en el aire, los sonidos adquirieron colores apenas perceptibles, ni siquiera eran morados y verdes, eran un traslúcido ágata y un azul ocre, en unas extensiones más lejanas, eran un hilo guinda que formaba letras cayendo en mi cabeza a golpes. Los autores llegaban reprimiéndome sus corrientes o sus nombres: que si el existencialismo, que el surrealismo, que el simbolismo, que si Marx, que si Lutero, que si Poe, que si Cohelo...


Sus personajes bailaban unos con otros mientras yo ebria, no podía articular palabras.


Atileno y Lenora, Fausto, Marianella; Ernesto y Aura. Con cuencas vacías y en las manos: garras, con expresiones violentas de asesinos con ansias. Y en medio de todos los monstruos de vestidos largos, de actitudes macabras, mis ojos bailando con ellos, las pupilas feroces en busca del alba: - ¡Que amanezca ya, Dios mío! ¡Que llegue pronto la mañana!


Anoche, mientras la luz de la bombilla parpadeaba, volví a sentir miedo de las lecturas que antes devoraba...
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miércoles, 11 de mayo de 2011

Semanario III: Miércoles

Creatividad al borde de un ataque: Mercurio viene; de los días, el tres.


Hermes, Teutates en Géminis me hacen bien.



Se mueve veloz con sus botas aladas como si no supiera que forma el final de la primera mitad en la "septimana" -en latín-. A los comerciantes mortales no nos importa nada, porque continuamos con la creatividad excesiva y árida, suspirando desde la oficina, por la venta o con clientes, en citas planeadas.



Y una interminable lista de pendientes por superar: arriba los miércoles y abajo mis ganas...
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lunes, 9 de mayo de 2011

Luz a media noche

Todos en la habitación dormían, todos descansaban mientras yo pedía con angustiosa tristeza: que esta noche no acabe, señor, que esa vela no se apague, que me bañe eternamente de cobre, que sus sueños permanezcan serenos, que sus párpados no vuelvan a abrir.

Los recovecos contenían las sombras, la luz trémula eclipsaba mis lamentos, en una hora desierta, las penas se ven más lejos. Pero yo no tenía miedo, nunca temí a los silencios perpetuos, quería el sonido de una vela, la respiración de los objetos y mis dedos entonando una canción en el viento.

Quería quedarme ahí así, donde nadie me mira, donde a nadie le importa huir, donde sé que existimos todos juntos sin tenernos que tratar y fingir que nos queremos. Sola, la voz sola, el eco del silencio, la vela y el color bronce-calor, que inundaba la habitación.

La luz volvió, la aurora volvió, los bostezos se oyeron no muy lejos, la vida amaneció, de nuevo el mundo en donde no destello yo, y entonces morí otra vez, bajo el sol.

Que tristes se oyen las almas desde aquí, en donde habitan superficiales y lejanas; no aprecian la voz que clama, que los mueve despacio a la lúgubre calma de la media noche en velada... eternos secretos susurrados a la nada, complices del cielo antes del alba.
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