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viernes, 11 de marzo de 2011

El atiempo

El atiempo que crece desierto. El atiempo se extiende en los libros, en los cuentos.
El atiempo se yergue poderoso, inigualable, traspasador de pieles, de sentimiento, de ciencias, de saberes.

El atiempo se queda con nosotros cuando estamos y nos deja cuando a otros ha de enseñar.

A veces, si somos humildes y comprendemos verdaderamente nuestra condición, nos da un poquito más de su galardón.

El atiempo en las palabras, pero no las que se lleva el viento, las que guardan en papel, en biblias, leyes, ensayos, tratados... en lugares donde siempre que queramos podremos volver.

El atiempo, enemigo crucial del olvido y el tiempo, los deja tan pequeños porque su fuerza radica -como las mujeres- en su sutileza y contemplación, paciente, nos mira pasar, y abastracto, se defiende siendo acumulativo.

El atiempo es una pasión y de los erudios, sabios y filósofos, su mayor amor.

El atiempo es bello y siniestro a la vez. Es la Historia y la Ciencia, es nuestra verdadera resurrección, por eso: escribe libros, que el atiempo espera ser también tu mejor amigo.

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