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martes, 22 de marzo de 2011

Dígame


(Al psicoanalista VADMOY)

Dígame una verdad absoluta sobre la mujer que me gusta. Dígame una esperanza que me calme la angustia, algo que me dicte perfecto el momento del encuentro entre mi alma amante y su alma amada y egoísta.

Dígame, señor, usted que puede analizarlo y comprenderlo todo, o al menos más que yo; dígame que ella me va a querer.

El hombre sabio me contestó que dejara de esconderme en lo que nunca y siempre fui, que fuera más puramente ego y trascendiera con el subconciente.

Me manipuló facilmente. Me dijo que tenía que pensar qué debía decir, cómo tenía que hablar. Todo un cambio en mí logró porque yo quería creer que la podría tener, porque yo seguía un camino constante detrás de ella para cuidarla sin que se diera cuenta, pero ya necesitaba su atención.

-Dígame -le preguntaba- ¿cuánto debo esperar?

-Siempre -me dijo apaciblemente.

Tuvimos una amplia y profunda conversación la otra noche, cuando yo solo dije tu nombre y lloré, y él solo tocó mi hombro y se compadeció.

1 comentario:

Daniel Novato dijo...

Inevitablemente me remite al objeto perdido. ¿Qué es aquello que anhelamos? ¿Qué es eso que nos puede hacer sonreír o llorar como un río desbordado, incluso al mismo tiempo, de forma descontrolada?

Siento que no se trata de una persona, sino más bien de una fijación. Porque fijamos en ese ser todas las cualidades de nuestro objeto perdido y esperamos, como un niño que espera el juguete que le han arrebatado de las manos, que ese ser nos mire de forma sincera, nos abrace y nos devuelva las sensaciones que se extraviaron en el tiempo.

Pero nunca retorna... he ahí la clave de la tristeza... y no retorna, porque, como alguna vez comenté por aquí... nunca se ha ido.

¿Quién será Vadmoy?

Un abrazo desde la distancia...