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domingo, 27 de marzo de 2011

Flores de Aragón

Vi en Aragón las Flores de tu distintivo, pacíficas, de colores neutros, perfectos y preciosamente equilibrados. Me recordaron a tí.


¡Cómo derrocha altiva su elegancia! Cómo desliza su ser para difuminarse discreta en el contexto en donde armoniza majestuosamente; cómo impreiona con la belleza de sus pétalos por fuera, cómo cautiva con su centro particularmente bello. Son sus capas complementarias, es una mujer linda, dentro, una mujer tierna, dentro, una mujer pura, dentro: una mujer valiosa.

Se recrea cual pinceladas delicadas sobre el óleo del pintor.

Le dicen "cupido", yo creo que tiene razón. Un cupido conocedor de sus atributos, selectivo y ambicioso.

Uno que se configura "perfección" solo dentro de mis ojos.

"Catananche Caerulea" que mis insistencias aún bordea, es preciosa y sin embargo, tan solo es entre varias: otra flor.
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martes, 22 de marzo de 2011

Dígame


(Al psicoanalista VADMOY)

Dígame una verdad absoluta sobre la mujer que me gusta. Dígame una esperanza que me calme la angustia, algo que me dicte perfecto el momento del encuentro entre mi alma amante y su alma amada y egoísta.

Dígame, señor, usted que puede analizarlo y comprenderlo todo, o al menos más que yo; dígame que ella me va a querer.

El hombre sabio me contestó que dejara de esconderme en lo que nunca y siempre fui, que fuera más puramente ego y trascendiera con el subconciente.

Me manipuló facilmente. Me dijo que tenía que pensar qué debía decir, cómo tenía que hablar. Todo un cambio en mí logró porque yo quería creer que la podría tener, porque yo seguía un camino constante detrás de ella para cuidarla sin que se diera cuenta, pero ya necesitaba su atención.

-Dígame -le preguntaba- ¿cuánto debo esperar?

-Siempre -me dijo apaciblemente.

Tuvimos una amplia y profunda conversación la otra noche, cuando yo solo dije tu nombre y lloré, y él solo tocó mi hombro y se compadeció.
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Semanario II: Martes

Se despiden en mañana de guerra los alebrijes nocturnos y vuelven los oblicuos taciturnos, incoherentes, inconstantes que se dan los días segundos y rojos.
Todos, caminantes impasibles, necesitados, desesperados; todos dentro de ellos, de estos, los inmutables, los agotados: mis Martes.

¡Otro día y ya!

Semanario I: Lunes
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lunes, 21 de marzo de 2011

La Náusea de Adriana III: Mutismo

Sofía se convirtió al mutismo.

Un día llegó al trabajo perfectamente normal pero tenía un problema, había olvidado cómo hablar.

Se transformó en una silente silueta que recorrió los pasillos, como los fantasmas, aunque tenía un defecto, seguía siendo real.

Las personas siempre claman silencio, pero cuando lo tienen, ya no saben qué hacer con él.

A Sofía la miraban de arriba a abajo cada vez que entraba a una habitación. Cerca de ella, repentinamente todos empezaban a murmurar o, lo que era peor, callar.

La chica sabía en donde iban guardadas las cosas, entendía muy bien qué debía hacer con cada cual, pero su presencia simulaba poco más que una amenaza a la sociedad, simbolizaba la capacidad de hacer los sueños de los demás realidad: -¡Que te calles, Sofía!

Sofía era una plaga, daba miedo, porque nunca decía lo que pensaba o sentía, solo miraba, observaba con detenimiento, mientras sus labios cerrados, sus grandes ojos de elocuentes miradas hablaban con las pupilas.

Las personas solo temían por aquello que no sabían, eso que ella se guardaba cual reliquias.

Sofía era otra más de las mujeres que caminan de puntitas, que no dan respuestas inmediatas, que traspasan con su actitud de metal ardiente y manos frías; Sofía y Adriana eran la misma.
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Semanario I: Lunes

Me siento atraida y aaatrapada por los lunáticos que a la luna canta y bailan... sus seguidores, sus animantes, sus alabantes...
Recuerdo que hace algún tiempo en el lugar en el que me encuentro, vestí de negro y me envolvía en la poesía de la oscuridad y luego, por razones irrecordables, tuve que escpar.

Llevaba en el pecho el signo de la noche, la bipolaridad del psicópata y el hedor a la lluvia en fino derroche de mi cabello empapado.

Así y todo, fui. Perteneciente al legado sagrado y consagrado desde nuestras primeras generaciones de bestialidad, sagacidad y bienaventuranza elegante. Los condes más exquisitos nos dieron origen... y yo les pertenecí.

La copla que canta la historia desgarradora de la sirena que asesinó a su amado para regresar al mar y ver que fue engañada una vez más, esa... esa... se queda corta frente a mí. Nunca renegué de mi pasado ni de mis ancestros y hoy de todo aquello que me construía y culminaba, me han alejado.

Y aún así, me acerco solo un poco a ellos, despierto insomne entre sudores fríos por la madrugada y me siento fluir, me siento tan suya y a ellos tan míos, les imagino mucho antes de llegar cuando van a venir.

Estos días son en particular el lugar y momento de sus mejores sueños.

Comienzan a poco... aullándole durante el ocaso a la Luna ya perceptible, y fecundan los horizontes con estrellas, cada brillante estelar, una lágrima por rodar. Cada noche de Lunes.
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lunes, 14 de marzo de 2011

Bésame

Si me invitas a desvanecerme esta noche, me consigues, me muero.
Si esta noche hechizaras con tu canto mis oídos, ¡que remedio! Te sigo.

Si, aluvión, dejaras caer en mi ser tus interminables latidos, yo, felizmente aire, me deshago en tus suspiros.

Bésame porque no te debo nada y yo a tí nada te obligo. Bésame por probar a qué sabe la lluvia y el frío, porque esté condensada, porque alivie un poco tu hastío y cotidianeidad. Bésame porque te reto a que lo hagas y no mueras en el intento. Bésame porque en el fondo recóndito de tu corazón, desde que me viste lo has querido.
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domingo, 13 de marzo de 2011

Mañanero: Desesperanza

Esta mañana tenía la insipiración a flor de piel, aún no habría los ojos y ya tenía lágrimas en ellos, todavía no despertaba del todo, seguías escondida entre retazos de subconciencia y ya me dolía la inherente realidad.

El calor matutino del hedredón contenía mis ilusiones, pero al levantarlo huyeron precipitadamente, y ya solo me quedó la sensación de familiaridad contigo, como si acabara de verte, pero sin saber cómo ni cuándo.

Tenía unas cuantas frases en la punta de la lengua: "Ahora entiendo a quien me quiso tanto, al quererte yo a tí", "Ahora sé cómo se siente el tener la certeza de que perteneces a un linaje que te desconoce", "Siento que tienes sentido en mi vida, siento que había un designio que nos condenaba así, pero como soy madura e impotente, voy a dejarte ir con la esperanza de que un día logres entender que así es, y que en ese entonces no sea demasiado tarde".
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Las 5 musas

Galia sabía que nos había dejado llorando como gotitas solitarias. No importaba en qué idioma contáramos nuestros pesares, todo mundo nos entendía el dolor.
Simué tenía las uñas de plata y tocaba el arpa guillotina con gran maestría, nadie la igualaba cortando cabezas, cantando canciones.

Irene era la mayor. Nos dio de beber jugo de ambrosía y luego nos colgó por separado, a unos del cuello y a otros de los pies, después nos volvió a dar vida para volver a beber y colgarnos otra vez.

Alana nos miraba a los ojos con los suyos verdes profundos y nos decía lo mal que habiamos hecho en la vida, lo poco que eramos, la gran decepción.

Pero Irlanda tomo nuestros corazones y los arrulló, nos dio de beber, nos dio de comer y nos trató siempre muy bien para dejarnos un día con los sentimientos enredados.

Así se genera en nosotros el síndrome de estocolmo.

Las musas son divinidades menores peligrosas, algunas simulan más bien la parte del mundo que Dios olvidó. Altivas, supremas. Poderosas.

Las musas se encuentran en nuestras manos, en las pupilas.

Hay siempre cosas bellas, exquisitas, pero es en las manos del pintor, del artesano, en los ojos de quien las está mirando, la magia de no poderlas contener. Un amor alimentado y después avandonado, una saliente inmensa del corzaón destrozado, la asfixiante angustia de la soledad.

Asesinas invisibles, se apoderan de nuestro potencial, le dan alas para dejarlo olvidado al final. La inspiración que martillea al arte.

Las musas
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viernes, 11 de marzo de 2011

El atiempo

El atiempo que crece desierto. El atiempo se extiende en los libros, en los cuentos.
El atiempo se yergue poderoso, inigualable, traspasador de pieles, de sentimiento, de ciencias, de saberes.

El atiempo se queda con nosotros cuando estamos y nos deja cuando a otros ha de enseñar.

A veces, si somos humildes y comprendemos verdaderamente nuestra condición, nos da un poquito más de su galardón.

El atiempo en las palabras, pero no las que se lleva el viento, las que guardan en papel, en biblias, leyes, ensayos, tratados... en lugares donde siempre que queramos podremos volver.

El atiempo, enemigo crucial del olvido y el tiempo, los deja tan pequeños porque su fuerza radica -como las mujeres- en su sutileza y contemplación, paciente, nos mira pasar, y abastracto, se defiende siendo acumulativo.

El atiempo es una pasión y de los erudios, sabios y filósofos, su mayor amor.

El atiempo es bello y siniestro a la vez. Es la Historia y la Ciencia, es nuestra verdadera resurrección, por eso: escribe libros, que el atiempo espera ser también tu mejor amigo.
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