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domingo, 20 de febrero de 2011

¿Volverá?

Una vez me dijeron que empezara al revés y lo intenté.

Me acerqué a un columpio vacío, salté hacia el asiento y comencé a mecerme con furia para amainar gradualmente.
Vi una flor deshojada y rota y sentí lástima, me dolió verla tan blanca, tan verde, tan quebrada y absurda -seguramente alguna chiquilla superficial pensó una vez que, una flor blanca, verde y pura, estaba hecha solamente para poderla complacer a ella- tomé los pétalos y los uní, trozo por trozo los regresé al botón, así el tallo al jardín, mientras le decía "Te quiero, si te quiero, te quiero, si te quiero, te quiero, si te quiero".
Vi a un músico desgranar su corazón en una canción y, nota a nota, le devolví las ilusiones que, primero de su ánfora y después de sus palabras, se escurrieron para oxidarse al contacto con el vaho humano, mientras sus radicales quedaban libres al viento en donde nadie los iba a alcanzar. Así que se los regresé en un ramillete de silencios de admiración.
La verdad, cuando yo nací, el mundo ya estaba hecho, pero siempre me gustaba imaginar que yo podría hacerlo volver atrás.
Tomé los suspiros extasiados y los transformé en admiración, respeto y pudor. Regresé las lágrimas finitas a los bellos ojos tan necesitados de descanso. Llamé a mis primos, de nuevo tan chiquitos, y nos fuimos a jugar al parquesito calle abajo.
Hay momentos que se irán volando, incluso gélidos, son menos densos que las palabras que pronuncias y tu corazón, pero hay de los que pasan muy lento, como cuando escribiendo estoy pensando en tí; como si aún no estuvieras terminada, me haría falta describirte detallada. Y comienzo desde atrás hacia adelante, recorro al revés la lágrima por mi cara, intencionalmente te hablo al aire de lo último que te hablé y sigo así con cada palabra, continúo en dirección opuesta, antinatural, hasta el momento en el que volví a saber de tí.
Después, de golpe, regreso a la realidad, porque nunca puedes volverlo a vivir, ni con el recuerdo. Tu voz, tu cabello, el mundo está hecho. La niñez no regresa, la canción no vuelve al instrumento ni las notas al autor, no vuelven las lágrimas para a la cima ni los pétalos al tallo, ni el tallo al jardín. ¿Volverías tú a darme -sin que vuelva el tiempo atrás- la oportunidad que perdí?

4 comentarios:

Daniel Novato dijo...

Se trata de improntas, de las primeras marcas a las que nunca podemos regresar y que se convierten en nuestro objeto de deseo, objeto perdido que no es posible encontrar, al que nunca se retorna, porque queda en el pasado, mas siempre buscamos regresar a esa sensación, a ese momento inicial, mágico, que nos produjo profundo placer o dolor. Uno de los grandes móviles de nuestra existencia es la búsqueda de este objeto. A veces pienso que esta búsqueda es similar al juego del perro con su cola. El perro intenta atrapar su cola, como si fuera un juguete externo, y entre más esfuerzo hace por alcanzarla, más difícil le resulta obtenerla, terminando dando numerosos giros al rededor de sí mismo. Lo curioso es que la cola le pertenece, sólo que no puede verlo. Lo mismo con las marcas del pasado, están aquí, en nuestro ser, aunque no podamos verlas.

Un saludo desde Colombia

Muñeca Rota dijo...

Hola Daniel.
Gracias.
Empecé leyendo tu comentario con voracidad porque me gusta que me dejen sus opiniones, pero cuando estaba a punto de terminar, me quedé helada...
Como balde de agua fría, no había pensando las cosas de esa manera: "Lo curioso es que la cola le pertenece, sólo que no puede verlo."
Me dejas una lección impactante, no tienes idea.
Gracias nuevamente.
Un saludo.

jon dijo...

La integración de nuestros dolores, alegrías y agridulces aceptándolos sin culpa más aún con amor y humildad llevan a la liberación del ser, nadie nace loco, malo o tonto o muy bueno o intermedio, es que así e nos ha enseñado a ser, vamos a aceptarnos sin etiquetas sin nombres. El comentario de Daniel es una analogía muy acertada.

Muñeca Rota dijo...

Todo ello, un arduo trabajo, aceptarnos sin etiquetas y sin nombres es ir contra un sentido común de la humanidad, la pertenencia, pero es un ejercicio que habríamos de practicar más seguido.
Muchas gracias por comentar.