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lunes, 17 de enero de 2011

Práctica

Usualmente nos encontramos frente a la Inspiración. Nos mira retadora e irónica, filtrea con nuestras sensaciones y cuando estamos a punto de darle alcance y deshacerla al fundirla en un papel, un metal, un trozo de piedra, un óleo o una composición musical, se desliza ya no como el agua entre los dedos sino incluso como el aire entre los cabellos, se evapora y escapa; se desvaneces y nos deja solo un cascajo medianamente admirable que consideramos muchas más veces de lo común, para darle publicación.
Casi siempre, aquellas obras "mediocres" se quedan guardadas en las carpetas o talleres del artista, las miramos como los patitos feos de la colección y permitimos que continúen enmoheciendose.

Después morimos y las "Morellas", los "Faustos", "Giocondas", "Dulcineas", "Holmes" y "Venus" remontan apabullantes la Historia para darle celebración o grandes mentes que alguna vez formaron parte de la humanidad.

Me pregunto. Si todo aquel hermano, incluso el gemelo, que saliera malo, lo encerraramos bajo llave sin ver la luz del Sol brillar, ¿no estaría la mitad de lleno este lugar? Ni siquiera existiría el artista, mucho menos quien lo pueda admirar.


Mira al que inspira. Mira la hoja. Toma un respiro y comineza con afán. Que no se quede nada a media tinta y en cuanto lo tengas, ¿a qué esperas? ¡Deslumbra a todos con tu obra magistral!

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