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sábado, 15 de enero de 2011

Homicida

Deseaba. Homicida, solitaria e imperturbable: su temporada de sangre volvía a comenzar.

Rasguñaba con filosófica ironía, la templanza que parecía mantenerla en su lugar, miraba a discreción, cercenaba la razón... las cosas volvían a comenzar igual que la vez anterior y la anterior.

Digería gustosa el alimento incisivo y nocivo, parecía el helado de un niño, a sus jugos digestivos no le ponían oposición.

Y con terribles facciones, casi trémula de indignación, soñaba su venganza y la masticaba, más rápida al papel que al habla, sus lectores la leían gritar.

-Te escribo rápido, musa de hielo, que te desases con el viento por la manera solemne en que me partiste el corazón, lo que digo "digiero" mi última ilusión como el mendrugo de pan, un mendigo. No es que de tí esperara más, es que esperaba que terminaras bien lo que empezaste mal.

Le hacía falta un objeto punzo-cortante, lívido, frío, y del intelecto que maduraba y que el rechazo de tantas antes provocaba, una mirada rápida le dejó a la musa el alma flagelada, tirante de un hilo, único, delgadísimo.

-¡Albricias! ¡Ignorante, ya no te pienso más!

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