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martes, 28 de diciembre de 2010

Nunca y Siempre

Nunca era una mujer prudente, tenía la mejor de las respuestas, acostumbraba a pensar profundamente para finalmente negarse a todo. Así, a lo largo de su vida evitó contagiarse de VIH, de quedar embarazada, de encontrarse con el corazón roto y de ser rechazada en cualquier entrevista de trabajo.

Por otro lado, Siempre era más arriesgado, le gustaba innovar y llevar la delantera en la mayoría de las situaciones, el miedo le escocía el vientre pero era como ponerle dinamita en la planta de los pies. Tomaba la vida como venía y a veces le daba cierto tipo de girones que lo dejaban fuera de sí por unos momentos, de los que le costaba mucho reponerse, pero no aprendía, volvía nuevamente a embarcarse en cuestiones a veces escalofriantes.

Nunca y Siempre jugaban a las paradojas, se amaban profundamente uno al otro y vivieron lo que tenían que vivir en compañía mutua.

Admiraban lo que el otro representaba y odiaban los alardes que las personas podían hacer de cada uno.

"Yo siempre soy honesta" decía una señora, y Siempre rezongaba.

"Yo nunca trataré mal a mi prójimo" decía un sujeto, y Nunca no le creía.

Así y todo, llegó el momento de la muerte de Siempre, tomó de la mano a su pareja dispareja y la llevó a ver el mar en un ocaso preciosamente anaranjado en donde se perdían las líneas divisorias del océano y el cielo.

-Nunca, corazón, me tengo que ir, pero quiero dejarte este recuerdo por siempre.

Nunca lo miraba atenta. No contestó.

-Nunca, dime ¿lo olvidarás?- preguntó Siempre.

-Nunca- contestó ella con amargura.

Entre débiles carcajadas dijo Siempre: -Tú has dicho siempre "Nunca digas nunca"

-Entonces no habrías de decirme que nunca lo diga, eso es doble negación... -sonrió Nunca.

-Mejor recuérdalo siempre.

-Mi vida, lo tendré presente siempre siempre...

Y Siempre cerró los ojos en los brazos de Nunca que lo amó más que siempre aunque no lo volviera a ver nunca.

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