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domingo, 19 de diciembre de 2010

A la Escritora III: ¡Métrica!

Cuando leo tus devanes, visualizo mis escritos:

¡Mé-tri-ca! Sin luz
¡Mé-tri-ca! Sin fondo.
¡Mé-tri-ca! Que surge solitaria como del arroyo el hilo.

Como el poeta que se queda pensando si su poema está vacío y se da cuenta que la gente carga siempre en el bolsillo una varita para medirlo y un par de cuchillas unidas para juzgar: la métrica.

La métrica de la que no eres dueña ni víctima, la que no te mide los sueños en los que vas a volar.

-¡Olvidaba decirlo!- dice "gentilmente" la maestra en turno al notar tu sugestiva presencia. -No se sueña en este mundo, si no tienes las alas medidas para planear.- Y como quieres y como puede, los trozos que ya tenías, te los ha de cortar más.

-¡Yo! ¡yo! ¡yo le explico, maestra!-digo ante su obstinada impresión -Ella hace una oración por gloria, hace una frase por fe, del cielo que nos cubre, cúpula majestuosa, al mar intrincado, horizonte profundo, macabro y amado. Que hace de su vida arte y no semeja autores pulcros con cuellos altos.

¡Mé-tri-ca! Castigada frente al pizarrón.

-¡Señorita!- me dice la dragón rugiente -¡vaya usted a burlarse de sus papás!
-Pero maestra, la métrica de ella no mide las palabras sino los pensamientos.

¡Mé-tri-ca! Quinientas veces: rima en endecasílabos perfectos, tiene luz y tiene fondo. Y se acabó.

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