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jueves, 18 de noviembre de 2010

¿Te pienso? o ¿me pensaste primero tú?

Algunas veces de manera sorpresiva te pienso, vienes a mi mente, como exhigencia... y entonces te pienso más, evoco tus ojos y tu cabello, tu sonrisa y tu nariz, paulatinamente comienzo a pensarte más profundo y me digo que había prometido ya no traerte a la memoria para estar mejor, sin embargo, no consigo sacarte, tanto intento y cuanto más fracaso que al rato ya te estoy llamando a la distancia, digo tu nombre, Jocelyn, entre susurros, y deseo que pueda comunicarme contigo con el pensamiento; repentinamente ahí estás, me saludas como acostumbras a hacer una vez contra quinientas, pero lo hiciste -¿lo hice? -me pongo a meditar... si habré sido yo rogando que me hablaras y tú que me alcanzaste a escuchar.
Pero me hablas segura, siempre tienes algo de qué platicar, me dices todas tus frustraciones y penurias, mientras esperas paciente un comentario o sugerencia, yo hablo profuso, no tengo mucha métrica y no espero poderte convencer, aunque lo hago, me dices que era lo que estabas esperando escuchar y agradeces por la atención prestada. Termina la plática.
Me queda entonces un sabor extraño en la boca y eso que ni una palabra pronuncié, atendí completos tus devanes, te di un lugar para entenderte a tí mísma y coloqué las ideas correctas para hacerte sonreír, más ¿qué sucede, muñeca? acaso un ligero sentimiento de que esta noche como otras más no había sido coincidencia y un pensamiento al aire se elevó, porque tenía remitente y destinatario, pero no del modo en que lo había supuesto, pues se explica esta como otras tu llamado, por el cual algunas veces de manera sorpresiva te pienso.

Entonces, ¿te pienso? o ¿me pensabas tú primero?

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