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lunes, 15 de noviembre de 2010

Soledad

Traido desde las profundidades de la cajita mortuoria... digo, de adverbios y adjetivos de antaño (en pocas palabras, de las primeras cosas que escribí)...

¡SOLEDAD!
Soledad: No es solo el estado físico o emocional de una persona.
Soledad: No es simplemente la definición de nuestra más angustiante pesadilla.
Soledad: No nada más es tu nombre.
Soledad es la mía, caminando con tanta pesadumbre entre gente con máscaras de aparente bienestar o preocupación.
Soledad, y vienes a mi cabeza como reclamada, olvidando que antes de tí yo siempre fui así, solitaria.
¡Huye! ¡Ve! ahora que es sensato, escapa, desaparécete de mí; mírame escondida tras las sombras de esta imponente ciudad, caminando sin tu cuerpo y con la idea de tí, de ser rodeada por tu escencia, necesitada por la presencia de esa que lleva tu nombre pero no eres tú.
Si, mi amor, me dejé embaucar, cuando te tuve el llamarte ya me predicaba tu ausencia y ahora que no te tengo más, la soledad te vuelve a invocar.
Si mis lágrimas ruedan no es por tí, corazón, es por la oportunidad perdida de haber sido feliz en condiciones de autosuficiencia, que al conocerte se desvanecieron en el perfumado pensamiento de una vida entera entregada a tí en mi conciencia.
Mírame alejarme, sonríe preciosa, como siempre solo por conservar entereza ante aquella estúpida solitaria que caminando va, con las entrañas, el pensamiento, el orgullo y todo hecho pedazos en el vientre.
Si, dulzura, ahora que me ves rebosante de impotente tristeza, ¿qué sientes? y si me vieras frente a frente, ¿qué dirías inconsientemente? -¡No a tu corazón! ¡No! -por esta estructura, este caparazón con que fui atada desde el momento de mi concepción; ¿y qué fue del instante aquel en que sentiste que ese que es tu nombre te poseía más allá de ser siempre y solamente llamada Soledad? ¡¿Quién, mujer?! ¿quién te hizo ver otra vez hermosa? por cierto que no fue él, ¿verdad? fui yo, utilizada por la vanidad emanada de tus llagas ahora sanadas.
No, mi cielo, no me limita mi cuerpo, porque te alcanzo en una lágrima que derramas al saberte alejada por tus propios pasos de mi destino...
Pero me dejas marchas, Soledad... que de una u otra manera me iría contigo y sin tí al mismo tiempo.
Soledad: No lloraré más, que al menos tu mente y tu nombre por siempre me acompañarán.

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