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lunes, 22 de noviembre de 2010

Abandono

Si te pudiera leer, Pandora, si te pudiera leer ahora, no robarías más gotas cegadoras, estarías hecha de barro modelado cual notras de piano en los dedos, en las manos.

Épica te construyes en los sueños, Pandora, épica te diluyes frente a mí, y hecha de las mañanas que acompañas esperando saber de tí.
Me hacen falta por las noches las plumas en las alas, me hacen falta las hebras de las plumas que trabajas afanosa, fulminante con argumento y frenesí ensombrecedor del derredor por tu opulenta brillantez.

Me hace falta que susurres a mi oido la calidad del beso prestado que me ayude a declamar.

Escribes como una diosa sin métrica, Pandora, ¡que importa! esas medidas no se hicieron para tu fin.

Te encuentro justo antes de dormir, dibujada, en el crepúsculo plasmada como con tinta oro al techo de mi habitación y luego más tarde en el velo que nos guarda entre despertar y el sueño, al alba te empiezas a desvanecer.

Cuando descanso, descando, y estoy a punto de dejarte ir, pero te metes nuevamente, Pandora, revoloteando ideas frescas para escribir... ¡tampoco me quieres dejar dormir!

Agoto un tema antaño, aunque te dibujo con palabras y te colecciono como el pintor que retrata gente de muchos ángulos, la misma doncella siempre o las mísmas tres.

A hoy no tienes una sola hoja que pueda exprimir palabras para beber.

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