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domingo, 28 de noviembre de 2010

Existencialista subsistema surrealista

El otro día pensaba y tomando en cuenta la teoría del idealismo subjetivo caí en la cuenta de lo que era el mundo y lo que era yo en y para él.
¡Un pensamiento! Yo era un pensamiento y nada más, solo un sueño, era mi historia sin final, era justo la idea de que alguien más me había inventado.

Dispuse entonces encontrar a mi dueño -o dueña- para poder terminar de desvanecerme.

¡Pero vaya pensamiento! ¡Que idea más extraña!: Un pensamiento pensando. Así fué.

Encontré que, en realidad, yo te pensaba y estabas delimitada en el espacio que yo misma te había concendido y nada más. Manejando mi teoría de la que me desprendía como pensamiento de alguien que de mí necesitaba, me di cuenta que las ideas eran caprichosas y no siempre se sujetaban a lo que uno requería, decidí no pensarte ya, pero no te salías, sin mencionar que por más que como goma elástica tirara de los pensamientos de ese que me exigía, tampoco me podía salir.

Hilados estábamos los tres, tirando uno con lazo a mi cuello anudado y tú tus esposas queriendo romper.

Meditando e ideando, pensé. -¡Eres un sueño, mujer! Uno dulce, conmovedor y atractivo, pero un pensamiento de un pensamiento y nada más. Cuanto más te pienso, más te recreo y te detallo.

Pensando. Pensando... exististe y solo viví para pensarte, porque alguien que me imaginaba, me describía pensando en tí.
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lunes, 22 de noviembre de 2010

Abandono

Si te pudiera leer, Pandora, si te pudiera leer ahora, no robarías más gotas cegadoras, estarías hecha de barro modelado cual notras de piano en los dedos, en las manos.

Épica te construyes en los sueños, Pandora, épica te diluyes frente a mí, y hecha de las mañanas que acompañas esperando saber de tí.
Me hacen falta por las noches las plumas en las alas, me hacen falta las hebras de las plumas que trabajas afanosa, fulminante con argumento y frenesí ensombrecedor del derredor por tu opulenta brillantez.

Me hace falta que susurres a mi oido la calidad del beso prestado que me ayude a declamar.

Escribes como una diosa sin métrica, Pandora, ¡que importa! esas medidas no se hicieron para tu fin.

Te encuentro justo antes de dormir, dibujada, en el crepúsculo plasmada como con tinta oro al techo de mi habitación y luego más tarde en el velo que nos guarda entre despertar y el sueño, al alba te empiezas a desvanecer.

Cuando descanso, descando, y estoy a punto de dejarte ir, pero te metes nuevamente, Pandora, revoloteando ideas frescas para escribir... ¡tampoco me quieres dejar dormir!

Agoto un tema antaño, aunque te dibujo con palabras y te colecciono como el pintor que retrata gente de muchos ángulos, la misma doncella siempre o las mísmas tres.

A hoy no tienes una sola hoja que pueda exprimir palabras para beber.
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viernes, 19 de noviembre de 2010

Idealizar


El viejo me preguntó -¿A qué le temes, mujer?

Nunca me había puesto a pensar profundamente en ello, pero...

-¿Tienes miedo a enfrentar el problema y sobrepasarlo totalmente segura?

-Creo que si -respondí.

Me habían enseñado tanto a respetar a las personas con más experiencia que llegué al punto de temer superarlos, con terror observaba que aquellas penalidades que atravezaron mis antepasados para mí habían sido problemas rutinarios, las personas que yo admiraba quedaban repentinamente reducidos a mi nivel.

Desde entonces aprendí a no idealizar a nadie y a valorarlos más por lo que son y por cuánto los quiero que por lo que tienen o lo que hacen.
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jueves, 18 de noviembre de 2010

¿Te pienso? o ¿me pensaste primero tú?

Algunas veces de manera sorpresiva te pienso, vienes a mi mente, como exhigencia... y entonces te pienso más, evoco tus ojos y tu cabello, tu sonrisa y tu nariz, paulatinamente comienzo a pensarte más profundo y me digo que había prometido ya no traerte a la memoria para estar mejor, sin embargo, no consigo sacarte, tanto intento y cuanto más fracaso que al rato ya te estoy llamando a la distancia, digo tu nombre, Jocelyn, entre susurros, y deseo que pueda comunicarme contigo con el pensamiento; repentinamente ahí estás, me saludas como acostumbras a hacer una vez contra quinientas, pero lo hiciste -¿lo hice? -me pongo a meditar... si habré sido yo rogando que me hablaras y tú que me alcanzaste a escuchar.
Pero me hablas segura, siempre tienes algo de qué platicar, me dices todas tus frustraciones y penurias, mientras esperas paciente un comentario o sugerencia, yo hablo profuso, no tengo mucha métrica y no espero poderte convencer, aunque lo hago, me dices que era lo que estabas esperando escuchar y agradeces por la atención prestada. Termina la plática.
Me queda entonces un sabor extraño en la boca y eso que ni una palabra pronuncié, atendí completos tus devanes, te di un lugar para entenderte a tí mísma y coloqué las ideas correctas para hacerte sonreír, más ¿qué sucede, muñeca? acaso un ligero sentimiento de que esta noche como otras más no había sido coincidencia y un pensamiento al aire se elevó, porque tenía remitente y destinatario, pero no del modo en que lo había supuesto, pues se explica esta como otras tu llamado, por el cual algunas veces de manera sorpresiva te pienso.

Entonces, ¿te pienso? o ¿me pensabas tú primero?
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lunes, 15 de noviembre de 2010

Soledad

Traido desde las profundidades de la cajita mortuoria... digo, de adverbios y adjetivos de antaño (en pocas palabras, de las primeras cosas que escribí)...

¡SOLEDAD!
Soledad: No es solo el estado físico o emocional de una persona.
Soledad: No es simplemente la definición de nuestra más angustiante pesadilla.
Soledad: No nada más es tu nombre.
Soledad es la mía, caminando con tanta pesadumbre entre gente con máscaras de aparente bienestar o preocupación.
Soledad, y vienes a mi cabeza como reclamada, olvidando que antes de tí yo siempre fui así, solitaria.
¡Huye! ¡Ve! ahora que es sensato, escapa, desaparécete de mí; mírame escondida tras las sombras de esta imponente ciudad, caminando sin tu cuerpo y con la idea de tí, de ser rodeada por tu escencia, necesitada por la presencia de esa que lleva tu nombre pero no eres tú.
Si, mi amor, me dejé embaucar, cuando te tuve el llamarte ya me predicaba tu ausencia y ahora que no te tengo más, la soledad te vuelve a invocar.
Si mis lágrimas ruedan no es por tí, corazón, es por la oportunidad perdida de haber sido feliz en condiciones de autosuficiencia, que al conocerte se desvanecieron en el perfumado pensamiento de una vida entera entregada a tí en mi conciencia.
Mírame alejarme, sonríe preciosa, como siempre solo por conservar entereza ante aquella estúpida solitaria que caminando va, con las entrañas, el pensamiento, el orgullo y todo hecho pedazos en el vientre.
Si, dulzura, ahora que me ves rebosante de impotente tristeza, ¿qué sientes? y si me vieras frente a frente, ¿qué dirías inconsientemente? -¡No a tu corazón! ¡No! -por esta estructura, este caparazón con que fui atada desde el momento de mi concepción; ¿y qué fue del instante aquel en que sentiste que ese que es tu nombre te poseía más allá de ser siempre y solamente llamada Soledad? ¡¿Quién, mujer?! ¿quién te hizo ver otra vez hermosa? por cierto que no fue él, ¿verdad? fui yo, utilizada por la vanidad emanada de tus llagas ahora sanadas.
No, mi cielo, no me limita mi cuerpo, porque te alcanzo en una lágrima que derramas al saberte alejada por tus propios pasos de mi destino...
Pero me dejas marchas, Soledad... que de una u otra manera me iría contigo y sin tí al mismo tiempo.
Soledad: No lloraré más, que al menos tu mente y tu nombre por siempre me acompañarán.
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