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domingo, 26 de septiembre de 2010

¡Habrá poesía!

No digas que agotado su tesoro,
de asuntos falta, enmudeció la lira:
podrá no haber poetas, pero siempre
habrá poesía


Mientras las ondas de la luz al beso
palpiten encendidas;
mientras el Sol las desgarradas nubes
de fuego y oro vista;


Mientras el aire en su regazo lleve
perfumes y armonías;
mientras haya en el mundo primavera,
¡Habrá Poesía!


Mientras la ciencia a descubrir no alcance
las fuentes de la vida;
y en el mar o en el cielo haya un abismo
que el cálculo resista;


Mientras la humanidad siempre avanzando
no sepa a dó camina;
mientras haya un misterio para el hombre,
¡Habrá poesía!


Mientras sintamos que se alegra el alma
sin que los labios la rían;
mientras se llora sin que el llanto acuda
a nublar la pupila;


Mientras el corazón y la cabeza
batallando prosigan;
mientras haya esperanzas y recuerdos,
¡Habrá poesía!


Mientras haya unos ojos que reflejen
los ojos que los miran;
mientras responda el labio suspirando
al labio que suspira;


Mientras sentirse puedan en un beso
dos almas confundidas;
mientras exista una mujer hermosa,
¡Habrá Poesía!


Bécquer
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Seres extraordinarios (Escríbeme)

... o intento de inteligente respuesta
-Te inventé -me dijiste. Me reí. Me viviste.
Te deslizaste en mis palabras como en las sienes que enmarcan mis ideas, y soñaste amor.
-Yo escribo para escribir -susurraste -para dejar en el papal un trozo de mí.
Michelle, yo si escribo para tí, para tu mente, escribo para hacerle el amor a tu subconciente, con el aroma, el color y el sabor que sientes cuando una fruta extraña y jugosa me oyes nombrar. Escribe para mí, Michelle, escribe por mí o a través de mí, píntame del azul ocre que caracteriza tus pesadillas o vuélveme un dulce y pomposo atardecer.
Describe mis pestañas, mi cabello o el dolor que te causa saberte tan alejada de mí.
Escribe para mí, por mí o a través de mí, como lo hago yo cuando después de uno de tus bellos cuentos te encuentro de nuevo en mi cuaderno entre líneas de grafito adorado.
Escríbeme porque nos conocemos seres tan extraordinarios, de los que miran a distancias particularmente observadoras, especiales, supremas, que entran en pares al mundo de la imaginación... la que hoy escribe y la que hoy va a leer.
Tú eres como la lluvia y la tinta, yo soy como el aire y la letra manuscrita, vamos juntas, enlazadas y a distancia, colocando parte y parte lo que hace falta en la convianción de nuestra mutua inspiración.
Tinta hoy sin letra, y lluvia puede haber sin el típico ventarrón, pero el aire helado puede cargar en sus entrañas el vaho exhalado de miles de seres humanos que lograron la brisnita, una lluvia torrencial.
Escríbeme porque me gusta escribirte y leerte, escríbeme porque quiero ser ese personaje que se esconde entre las viñetas de tu creación.
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jueves, 23 de septiembre de 2010

Al lector

La necedad, el error, la codicia, el pecado

invaden nuestro espíritu y agotan nuestro cuerpo;

y alimentamos todos nuestros remordimientos

como alimentan los mendigos su miseria.


Los pecados son tercos, débil nuestro pesar;

nos hacemos pagar todas las confesiones,

y tornamos, alegres, al camino fangoso,

creyendo que un vil llanto borra todas las manchas.


Del mal en la molicie es Satán Trimegisto

quien largamente mece nuestro hechizado espíritu

y el metal opulento de nuestra voluntad

se evapora al influjo de tan sabio alquimista.


El diablo es quien nos mueve igual que a marionetas.

En lo más repugnante hallamos un imán;

descendemos un paso, cada día, al infierno,

sin horror, a través de tinieblas que hieden.


Y como un libertino que devora y que besa

el seno maltratado de un hetaira decrépita,

huramos al pasar un goce clandestino

exprimiéndolo igual que una naranja seca.


Espeso, hormigueando cual un millón de helmintos,

hierve en nuestros cerebros un pueblo de Demonios

y cuando respiramos, baja a nuestros pulmones,

la Muerte, río invisible, entre sordos gemidos.


Si el estupro, el veneno, el puñal, el incendio,

no han realzado ya con sus amables trazos

el trivial cañamazo de un mísero destino

es porque nuestras almas no son bastante audaces.


Pero entre los chacales, las panteras, las perras,

los monos y escorpiones, los buitres, las serpientes,

y esos monstruos que ladran, rugen, gimen y reptan

en el infame circo de todos nuestros vicios,


hay uno más horrible, más vil y más inmundo.

Aunque no manotea ni exhala grandes gritos

es capaz de trocar la Tierra en un despojo

y en un solo bostezo se tragaría el mundo.


¡Es el Tedio! -empapado de involuntarias lágrimas

sueña en vagos cadalsos mientras fuma su opio.

Ya conoces lector al delicado monstruo,

-¡hipócrita lector -igual a mí-, mi hermano!


Charles Baudelaire

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A la escritora...

Decir que se sigue a una estrella es platicar vanalidades con la pared, yo a tí, te miro y te admiro, te bebo, te escucho con atención a través de la acuosa pantalla de un ordenador, te leo en los carnosos labios...
Solo decir que le escribes a la nada si tus lectores de la nada queremos hacer presunción, nos estorba la distancia que queremos acortar para oírte de viva voz.
Se hace el bien, se baila, se canta y se hace con las palmas y los muslos un tambor que brota en alegría, se come y se bebe tu oración, tus segundos de inspiración en que "te desangras por el dedo pulgar", te leo para soñar, te sueño y en la noche, con la nada a quien dedicas tus poemas, te vuelvo a llorar.
Nos llevas uno a uno de tu mano, nos hablas al oido mientras vamos disfrazados de esa "nada" para poderte escuchar...
Oimos en el aire casi real el "clip clap clop" de tus tacones para el danzón que nos envuelve con tu descripción, y vamos desgranando tus emociones para vestirnos y así sentirnos dentro de tu piel... papel.
Gracias por escribir así... http://simone35.blogspot.com
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viernes, 10 de septiembre de 2010

Al autor...

Robarme un pueblo, un pedazo de tierra, robarme el mar y a una frágil doncella, robármelos a todos juntos en un trozo de papel que se extiende como la onda celeste que alumbra nuestros pensamientos al leer sus textos, robármelos del alma al infinito en el que descansan del autor los restos que con inmenso amor dejó en aprendices su labor para contemplar la grandeza de su descubrimiento y descripción que nos hace sentir cuando imaginario al oído nos habla de su pueblo, de su tierra, de su mar y su doncella.
¡Robármelos señor! cuando te voy a leer.
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