Twitter

Búsqueda

domingo, 22 de agosto de 2010

Todo amor es arte pero no todo arte es amor…

Me gustaba escuchar esas notitas como gotitas en el mundo de las pizquitas, de esas que siempre van a venir en paquetes pequeños, de las cosas lindas y los cariñitos que recuerdo de mi mamá.
Se dejaban venir como chapoteando en la orilla de la memoria, y entonces majestuoso y triunfante abarcaba el violín con su agazapada magnificencia la habitación como una ola y nos inundaba las emociones… las sentíamos ir y venir… inesperadamente los bandazos contra los lagrimales que explotaban en una cólera salada y silenciosa…
Mildread tomaba mi mano muy fuerte porque sentía que no las podía contener más y su pecho se inflamaba intermitente, despacio… despacio… poco a poquito la nota más baja y repentinamente la más alta tomaba a bofetadas nuestro corazón…
-Te quiero –me dijo ansiosa mientras me miraba con sus profundos ojos verdes. Sol, sol, sol, si. –Te quiero –dijo de nuevo. La, si, do, si. –Te quiero. –Suspiró.
Creo que podía ver los colores en el aire, un púrpura con los pies naranjas que pisaban su piel y la tostaban aún más… y el sol que atravesaba su cabello castaño claro y nos calentaba.
Mildread dio un paso atrás e hizo una reverencia. –¿Me permite este baile, graciosa dama?
Ella se quedó esperando mi mano, yo de la suya no quería bailar, levanté solo un poco la orilla de mi vestido y entera me entregué al sopor del anhelo… de ser como esas notas y dejarme llevar en el viento… me llevan, me llevan… me dejo llevar.
Mildread se tendió en el suelo y movía los dedos de los pies y las manos al unísono mientras me veía bailar.
Una vuelta delicada y otra más, una más y otra y otra, mil vueltas como la mente al rodar. Mildread se levantó y me tomó de los brazos antes de lograr caer por el mareo…
--Claudia –me dijo buscando mis ojos –Claudia, te quiero –y me besó.
Creo que la dejé herida por mi forma de contestar, pero la manera en que envenenaba esa música clásica con una vulgaridad atroz como es un beso tibio y el amor me molestó.
-¡Mildread, el arte cobija al amor, pero este es solo una pequeña parte de ese gran señor! ¡El arte habla de amor pero también de odio y frustración, de deseos exacerbados y de dolor, de paz y pureza, de gentileza y elegancia! ¡No me vengas con pucheros de "falta de corazón"! ¡Todo lo tienes que contaminar con tu irrisoria fantasía de las "medias naranjas"!
Me solté de su mano y continué bailando.
Sol, sol, sol, si. Una vuelta. La, si, do, si. Y una nota más, sus lagrimitas al rodar. Sol, mi, re, do. Tomé su mano de nuevo. La, si, do, sol –Mildread… -suspiro- te quiero. -¿Qué remedio?

No hay comentarios: