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domingo, 29 de agosto de 2010

Ha muerto el Arte

Dejé de creer en el Arte cuando mi hora favorita era la de dormir y olvidarme de la conciencia.
Se sentía como arena y aceite en la piel del subconciente, sin poder mover la piernas o brazos por lo aspero de su situación...
Y la tersa suavidad de la pereza después del día a día perturbador era lo mejor de cada atardecer.
Descubrí así una vez una fuga en mis ojos, no paraba de gotear pero no la sentía como herida, no dolía, solo tenía la sensación de la humedad resbalando por las mejillas.
Tenía que acumular detalles de cada momento para poder continuar mis relatos, ya no llegaba la inspiración en ráfagas de refrescante viento y cada hoja era impregnada por el salado rocío envenenado de indiferencia que escurría por el contorno de mi rostro hasta caer en ellas.
Cuando alguien cantaba, las vibraciones candentes y sonoras se estrellaban contra la dura roca de mi calma, la pasividad ineludible... deseaba sentir las notas y a mi cara solo asomaban las muestras inextinguibles de la gotera indiferente.
-Lo siente en lo profundo de la emoción -dijo alguien. Solo imaginaba, no sentía nada y moría, me unía al mundo como en la teoría de la inmensa masa informe de humanos sin deseos ni pasión.
Ahora, con la muerte del arte solo pensaba... pensaba... pensaba, ya no escribía, calculaba.
El poeta, opulente y sonriente, no importaba, era un símbolo de muerte, declamaba estrofas carcomidas y putrefactas, digeríamos versos en estado de descomposición, porque para mí, el Arte ya había muerto.
Antes, los hombres escribían poesías, las mujeres del baile formaban su ímpetu, los ancianos contaban cuentos que, ávidos, los pequeñitos oían para hacerlos una canción.
Los lapsos memorables eran cuando las personas extasiadas reconocían que la expresión más dulce y cautivadora del arte era el amor. No un golpe en la espalda y azotar las piernas el mejor uso del cinturón, el odio creciente del que escribe para mostrarle su vida de casado incipiente al obtuso nuevo lector.
Y la gotera continuaba en mis ojos presente.
En el instante en que un joven golpea a su esposa, rompiendo está el Arte, asesinando una flor.
Cuando en la cima de su carrera una cantante piensa en el dinero en vez de la inspiración.
Si te miran a los ojos las personas que admiras y ahí solo encuentras miedo y rencor, se quiebran paulatinamente las aristas de la ilusión.
-Se muere el Arte -me dije -si odiando están al mundo las personas, cada día tan agobiante. Se muere el Arte.
Hacía un par de días convulsionante, hoy escurren las lágrimas hasta mi almohada por la ausencia del Arte... Descanse en paz, Magnánime Señor...

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