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domingo, 6 de junio de 2010

La muñeca más rota que nunca

No es para estar recordando tanto como para lograr olvidarlo, discernimientos de lógica que no puedo concretar y se quedan en abstractas metas, pero lo recuerdo todo, como suelen decir, como si hubiera sido ayer.

Recuerdo cada recuerdo, me dejo llevar, me alegro y luego me suelto a llorar.


No podría culparte del todo, lo acepto, quiero un nuevo hogar, un nuevo par de brazos al abrazar, una emoción nueva y limpia sin vicios del pasado, pero al mismo tiempo no te quiero dejar.


Estás como clavada, como en raíces, como en principios, como en el aire, aún vivo como un conejo escarbando 'zanahoria-amor-patricia', pero empiezo a buscar un cuerpo aéreo, ligero, evolucionado para poder volar.


Y como los cimientos de una casa, está la cal de tu fragancia, pero el techo está en otro lugar.


Eres antaño, armonía y melancolía, sabes que nadie a ti puede ser igual, pero no puedo evitar pensarme con alguien más, que lo siento tanto, pero ya también tiene nombre y apellido.


¿Qué puedo hacer? Hay tantas cosas que extraño mucho, cuando de chiquita iba al trabajo de mamá, pero no puedo volver las cosas, cada momento ha tenido su lugar y su tiempo, y el nuestro ha quedado atrás.


No quiero repetirlo mil veces, nos dimos amor con creces y no sé si eso volvería a pasarnos igual, pero te quiero, aún conmigo te llevo y quiero que aún fortalezcamos los lazos de nuestra amistad.

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