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martes, 29 de junio de 2010

La historia sin final (ojo: no sin fin)

Pues ya que la susodicha no quiere darse por entendida, tendré que postear mi cuentito aunque lo pueda leer antes de entregárselo. Aquí va.

Esta es la historia de una historia que no terminaba, buscaba ansiosa su clímax y nunca lo podía hallar, alargaba sus momentos de suspenso indefinidamente y cansaba a los lectores.

Un día sin más decidió partir de sus comodidades para encontrar su momento culminante y morir feliz.

Fue encontrando trozos de una canción y de ella se quiso alimentar, pero sus notas aunque constantes, le herían los molares por algunos picos agudos y un par de amargos graves, tuvo que escupir los restos y se quedó sin un acorde que le ayudara a morir y sin canción.

Después cabizbaja se sentó a la orilla de un lago en donde lúgubre encontró un poema de oscura entonación, brincó de contenta al imaginarse con él completa, pero el pequeño de versos pectorales largos y azulados percibió su repentina euforia como un signo de peligro y se alejó.

Visitó a la señora Rosa, Lilis y al señor Amanecer, ni qué decir, las dos primeras no hablaban su idioma y el tercero ni siquiera la alcanzó a escuchar.

Trabajó afanosamente cortando las máximas de los abetos y solo espinó un poco sus manos pero no consiguió su final, aunque estaba resuelta, se dijo --¿Para qué vienen las cosas a la vida sino para terminar?—y continuó buscando.

La pequeña historia sin final, hilaba recuerdos de cada momento, se contrariaba pensando en ser un ejemplo y queriendo ser una obra magistral.

"Amanecida del amor" y "Despecho" eran las fantasías cuando soñaba despierta y se enamoraba de su propia razón.

Era poesía, pero no se daba cuenta, buscaba en torno suyo en vez de mirarse a sí misma, observar dentro de su propia estructura y encontrar la verdad.

Era una elevada plegaria a Dios, era inspiración, era amor, era pasión por las cosas bellas y complejas, era la sublime fragancia de una extraña flor, era lágrimas de consuelo.

Miraba a todo el mundo embelesada y no veía el gran poder que poseía al hablarles a todos al oído y decirles lo importantes y bellos que al artista parecían, lo sensible y agradecida que se sentía al poderlos contemplar.

La pequeña historia comenzaba a cansarse, pero cuanto más desvanecida, aún más emocionada.


Entró un día a mi torrente sanguíneo, lo hacía despacio y provocaba dolor, pero dentro de mis ojos encontró su muerte finalmente al verte, observó los tuyos profundos mientras expiraba despacio deslizada en tu sonrisa con llamativa y original "risa de sol", su climax lo encontró en tu abrazo de despedida y posterior a mi "huida", de gusto rebosante y completa en un suspiro por ti de mis labios, en la nada se desvaneció.


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Amanecida del Amor

¿Soy una amanecida del amor?

Raro que no me sigan centenares de pájaros
picoteando canciones sobre mi sombrilla blanca.
(Será que van cercando, en vigilia de nubes,
la claridad inmensa donde avanza mi alma).

Raro que no me carguen pálidas margaritas
por la ruta amorosa que han tomado mis alas.
(Será que están llorando a su hermana más triste,
que en silencio se ha ido a la hora del alba).

Raro que no me vista de novia la más leve
de aquellas brisas suaves que durmieron mi infancia.
(¿Será que entre los árboles va enseñando a mi amado
los surcos inocentes por donde anduve, casta?)

Raro que no me tire su emoción el rocío,
en gotas donde asome risueña la mañana.
(Será que por el surco de angustia del pasado,
con agua generosa mis decepciones baña)

¿Soy una amanecida del amor?

En mí cuelgan canciones y racimos de pétalos,
y muchos sueños blancos, y emociones aladas.

Raro que no me entienda el hombre, conturbado
por la mano sencilla que recogió mi alma.
(¿Será que en él la noche se deshoja más lenta,
o tal vez no comprenda la emoción depurada?)

Julia de Burgos


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sábado, 19 de junio de 2010

Despecho

Ah, que estoy cansada! Me he reído tanto,
tanto, que a mis ojos ha asomado el llanto;
tanto, que este rictus que contrae mi boca
es un rastro extraño de mi risa loca.
Tanto, que esta intensa palidez que tengo
(como en los retratos de viejo abolengo),
es por la fatiga de la loca risa
que en todos mis nervios su sopor desliza.
Ah, que estoy cansada! Déjame que duerma,
pues como la angustia, la alegría enferma.
¡Qué rara ocurrencia decir que estoy triste!
¿Cuándo más alegre que ahora me viste?
Mentira! No tengo ni dudas, ni celos,
ni inquietud, ni angustias, ni penas, ni anhelos.
Si brilla en mis ojos la humedad del llanto,
es por el esfuerzo de reírme tanto…
Juana de Ibarbourou
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domingo, 6 de junio de 2010

La muñeca más rota que nunca

No es para estar recordando tanto como para lograr olvidarlo, discernimientos de lógica que no puedo concretar y se quedan en abstractas metas, pero lo recuerdo todo, como suelen decir, como si hubiera sido ayer.

Recuerdo cada recuerdo, me dejo llevar, me alegro y luego me suelto a llorar.


No podría culparte del todo, lo acepto, quiero un nuevo hogar, un nuevo par de brazos al abrazar, una emoción nueva y limpia sin vicios del pasado, pero al mismo tiempo no te quiero dejar.


Estás como clavada, como en raíces, como en principios, como en el aire, aún vivo como un conejo escarbando 'zanahoria-amor-patricia', pero empiezo a buscar un cuerpo aéreo, ligero, evolucionado para poder volar.


Y como los cimientos de una casa, está la cal de tu fragancia, pero el techo está en otro lugar.


Eres antaño, armonía y melancolía, sabes que nadie a ti puede ser igual, pero no puedo evitar pensarme con alguien más, que lo siento tanto, pero ya también tiene nombre y apellido.


¿Qué puedo hacer? Hay tantas cosas que extraño mucho, cuando de chiquita iba al trabajo de mamá, pero no puedo volver las cosas, cada momento ha tenido su lugar y su tiempo, y el nuestro ha quedado atrás.


No quiero repetirlo mil veces, nos dimos amor con creces y no sé si eso volvería a pasarnos igual, pero te quiero, aún conmigo te llevo y quiero que aún fortalezcamos los lazos de nuestra amistad.

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