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martes, 25 de mayo de 2010

Gotita de tinta azul

Llegas ingrávida como siempre que decides "esta es la hora de llegar" y solo te presentas así.
Te mueves, gotita de tinta azul en una pecera, empiezas tan pequeñita y te conviertes paulatinamente en el ambiente en el que debo vivir, como el aire humedo de puerto que se adhiere a la piel, pegajoso y dulzón, si fuera el brillo labial que acostumbras a usar.

Después con el paso del tiempo al fijar la vista en la nada para volverte a buscar, ya no estás, te has fundido tanto en el aire que como él, te diluyes y te vas, te escondes, hasta que en el inmenso cubo de agua cae de nuevo una gota de tinta azul y vuelve el ciclo a comenzar.

Nombré a cada gota de modo distinto, las seguí en torno mío, dentro de mí, iluminándo y coloreando las partículas del lugar, agazapándose en mis pulmones -solo para decir un organo, el que sea que me duele cuando otra vez te tienes que ir-.

Cada una era especial y única, siempre formadas trás mi imponente musa que, de ser comparadas, al menos esta última era real... lo dicho 'era' real, y a la nueva falta de ella las sumisas gotitas se transforman nuevamente en amenazantes manchas colorantes de todo, hasta de mí y mis emociones, hasta del corazón.

¿Es tal vez la falta de recipientes donde acumular halagos que de mi propio ser empiezan a desboradar? ¿es que no puedo estar sola y necesito ineludiblemente amar?

Estupidas gotitas que te van llenando de sonrisas la vida, que con dulces miradas empiezas a celar, que a poco se vuelven tan importantes cada día hasta que no puedes mantener las promesas que una vez hiciste de castidad

1 comentario:

Muñeca Rota dijo...

Por cierto, pero sobre todo, se trata de mis traumas y sip, mis historias fumadas