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martes, 23 de marzo de 2010

Última nota: Antonieta

María sabía que cuando la música terminara iba a morir, así que cerró los ojos y la escuchó completa y basta, quería captar todas las notas ahí presentes que antes no había puesto atención.
Altas se elevaban, graves e ingravidas, quién pudiera ser como ellas y huir por el aire en el que se dispersaban, no era una canción triste, pero para ella representaba lo más oscuro y lúgubre que podía estar oyendo.
Cuando una persona está llena no puede admitir en su cuerpo, en su alma o en su mente más nada, así que para que esta música tocara fondo en alguien, tenía que ser alguien que estuviera medio lleno o completamente vacío. Antonieta podía captar cada una de las migas en aquellos tonos, porque le faltaba todo y como la vida, quería sostenerlas al máximo antes de no poder más.
Intentaba reflexionar pero como si fueran grandes lastres pesando en una montaña empinada, los pensamientos de su pasado le impedían alcanzar ese nuevo estado al que entraría, la muerte.
No pudo antes despedirse de nadie.
Su vestido al aire frente al asesino hondeaba mágicamente y reflejaba los perspicaces rayos de Sol que se colaban entre las grisáseas nubes, el viento era frío y olía a libertad y a sangre.
-La realeza nunca suplica piedad, las reinas siempre morirán con la cabeza en alto- que curiosa idea atravesaba sus pensamientos, 'con la cabeza en alto', como si frente a la guillotina pudiera alguien mantenerla erguida, ni cuando la columna vertebral es separada, ni cuando de manera humillante tienes que inclinarte sobre el arco de la ejecución.
Pero Maria Antonieta no tenía otra opción, solo podía morir ese día que se avecinaba lluvia ligera, tal vez rocío.
Dentro de la canción se imaginó una historia lejana, de una mujer mucho menos condecorada por gobernar y feliz.
La profunda música tocaba su fin, nota a nota se las bebió despacio y como si alargara el tiempo indefinidamente sintió la navaja y oyó sus vértebras romperse poco a poco. El último tono se escabulló más allá de la tonada, fue su cabeza cayendo en el suelo del púlpito del nuevo gobernador... Robespierre.
(Ok, es ficción, para aquellos que me quieran guillotinar a mi por escribir sobre este personajes, SOLO ES FICCIÓN)

3 comentarios:

Kuro Tsuki dijo...

Hasta con proteccion legal, jaja. Eso es todo.
Buen cuento, me gusta tu filosofia sobre la guillotina

Muñeca Rota dijo...

Mmm! mi filosofía de la guillotina?, jajaja! que le cortó el gasnate a Maria Antonieta? vale vale, después de acusarla de mantener relaciones sexuales con su propio hijo, ya no le encontraban como mandarla a guillotinar, pero aún así, bendito sea el incorruptible Robespierre, asesinó a tantos en son de la Revolución, qué sería de nosotros hoy día sin esa valiosa contribución?
Saludos.

Kuro Tsuki dijo...

En realidad me referia a
"como si frente a la guillotina pudiera alguien mantenerla erguida, ni cuando la columna vertebral es separada, ni cuando de manera humillante tienes que inclinarte sobre el arco de la ejecución."
Pero por supuesto, concuerdo tambien con lo de la valiosa contribucion