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miércoles, 29 de abril de 2009

Conociendo a mi primer lector

Navegando en las páginas de un conocido libro el otro día, me pareció adevertir una divertida coicidencia en algunos de los párrafos más significativos de este con uno de mis más entrañables relatos, me pregunté entonces si tal vez se trataba de una simple casualidad o quizá en alguna de mis lecturas previas a la escritura pude haber copiado accidentalmente su contenido esencial.
Me puse entonces en la busqueda de mis primeros borradores de la historia que había creado años atrás, pensé que en mi lugar habría sido bastante sencillo haber leido el manuscrito que ahora tenía en mis manos antes de haber siquiera pensado en el propio.
Tardé al rededor de siete días consultando los interminables enlaces cibernéticos y buscando en cada una de las páginas que acostumbro a guardar como esbozos para apreciar cuál de los cuentos había sido escrito antes y de esta manera salir de mi error, sin embargo, y a pesar de nunca poner las fechas en las notas que tomo, pude recordar más o menos cuál era la época en la que llevé a cabo el marco de mi historia y corroborar en internet el momento en que se publicó aquel libro.
En efecto, solo podía tratarse de una grandiosa e increíble coicidencia pues, era yo quien había escrito primero la trama de aquel cuento y no al revés, así que como todos los autores saben, al tener tales problemas, el escritor que haya llevado a cabo primero una historia tiene la preferencia y por tanto el derecho a exigir que se le reconozca como el novelista dueño de tal.
Llevé entonces mi relato y mis apuntes previos a la publicación de otro libro que tenía en mi poder, así como este mísmo con un abogado, le expliqué mi necesidad de hablar tanto con el autor de aquel libro así como con su representante legal y él accedió.
La cita se llevó a cabo en un café muy particular que me sentelló en la cabeza como presea, juro que antes de haberlo visto ya lo había conocido en un sueño, el espectáculo fue surreal, era un sitio lleno de un aire extraño y acojedor, todo el lugar era inundado por la música instrumental especialmente moldeada con toques góticos y atrayentes, hipnóticos; cuando por fin pude salir de mi estupefacción me puse a disposición de los abogados y el autor del libro para darle solución al conflicto.
No bien habiamos llegado a la lectura de ambos relatos, un mareo se apoderó de mi cabeza y desperté horas más tarde, con trozos de mí regados por la habitación, pude también ver la cabeza de mi representante justo a un lado del torzo de mi cuerpo.
-Pero qué graciosa situación esta que ha tenido lugar conmigo. Dígame señor licenciado, ¿no le causa gracia que nuestro fin sea tan parecido a lo que yo escribí?- el abogado no me devolvió la palabra, así que decidí ignorarlo también, después de todo, ¿cómo se atrevía a tratarme así él, cuando era yo quien iba a pagarle? -¡Al diablo!- me dije -Ya que parezco estar condenada a esta condición, al menos esperaría un poco de diversión, tal vez una pequeña rata con quien platicar, a puesto a que ella no se negaría, claro, siempre y cuando tenga aún mis ojos jugosos para degustar.
Al darme cuenta de que no conseguiría nada con aquella forma de pensar traté de ser un poco más optimista, es decir ¿qué más malo podría pasarme que morir?, así que tomé un par de decisiones más sobre cantar o contar, y ya que mi color de voz nunca había agradado a nadie pensé seguir haciendo lo que siempre hice mejor, fue entonces la segunda opción mi decisión.
Fue así que esa noche me di cuenta que había conocido a mi primer y más asiduo lector, por desgracia no podríamos tener algún otro tipo de relación más cercana, tal vez como un maestro a su discípulo o dos camaradas en continua discución pues el estúpido aquel, olvidó poner un poco de reconocimiento al original autor.
Y para no tener que hacer lo mismo con un par de autores o seguidores, yo si les dejo sus nombres, Allan Poe (rey de escritores) y la historia de una "La venta secreta"
Saludos
Á bientôt!

1 comentario:

Kuro Tsuki dijo...

Jaja,al principio poense que se trataba de otra cosa, incluso ar irlo leyendo me saqué de onda pero ya despues le agarré el argumento.
Muy bueno, me recordó un fragmento de uno de los cuentos de Lovecraft,aunque se que no lo has leido, y ya sabes lo que hacen esos cuentos en tu mente, jeje. Muy bueno, mongola, sigue adelante.